Por Natanael Ceballos

Colosenses 3:5-10 “Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros.” “Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas” “habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno”.

Pablo nos habla en esta porción de la biblia sobre la necesidad de morir, de dejar atrás al viejo hombre y despojarnos de sus hechos y malos hábitos. Es una verdad conocida por todos pero practicada por pocos. Nadie puede nacer de nuevo si primero no ha muerto. Es decir que nadie es un verdadero cristiano hasta que no ha muerto a su vieja vida, hasta que no ha sacrificado sus pasiones, su ego, sueños, anhelos y deseos egoístas.

Fíjense que no dice dejar morir, sino “haced” morir. Es una actitud activa, es matar todo lo que no fue puesto por Dios, para dar lugar a que nazca el nuevo ser, “conforme a la imagen del que lo creó”. Cuando morimos a este hombre corrupto, empezamos a ser restaurados al diseño original de Dios.

Jesús lo dijo en Mateo 16:21-27

– 21: Jesús empezó a hablarles a sus discípulos sobre la necesidad de morir. Les dijo que era necesario sufrir y padecer mucho. Porque morir a la forma en la que hemos vivido hasta ahora duele. Renunciar a cosas que amamos, que nos dan placer, que nos gusta, DUELE.

22 y 23: Podríamos pensar que la actitud de Pedro es normal y buena, pero Jesús distinguió en sus palabras al diablo. Porque el diablo nos habla de esa misma forma. Cuando comenzamos a caminar con Jesús y sabemos que debemos abandonar cosas, él empieza a decirnos: No es necesario, no seas tan legalista, todos lo hacen. Para que sufrir, la vida es corta, disfruta el momento, ya habrá tiempo de arrepentirse y cambiar. El diablo trata de evitar por todos los medios que mueras, porque sabe lo que se viene después.

Un cristiano que ha muerto a su vieja vida, comienza a caminar en la vida del Espíritu, sus sentidos espirituales se activan, los dones son atraídos, el propósito se hace palpable, el Espíritu Santo hace morada dentro de él y le da poder. El diablo sabía lo que pasaría cuando Jesús resucitaría. Su poder y dominio serían aún mayor.

24: Si alguno quiere ser mi discípulo: NIEGUESE. “Decir que no a lo que se desea”. No ceder a sus apetitos, sujetándose enteramente a la ley de Dios, y gobernándose, no por su juicio, sino por el dictamen de Dios. El discipulado se trata de negación, del proceso en el que menguamos nosotros para dejar que Cristo crezca.

La negación nos abre puertas.

Si alguna vez se preguntó cómo se gana unción en el reino de los cielos, es a través de la negación. Hace unos domingos me propuse hacer una lista de cosas que representan una negación. Anote estas:

  • Ayuno: Sin dudas no comer es un sacrificio. A nuestro cuerpo le da placer comer, por lo tanto el ayuno es una negación. Además es un buen ejercicio, porque si somos capaces de someter nuestro cuerpo al espíritu para no hacer algo que en realidad no está mal, luego nos será mucho más fácil decir que no a cosas que en si están mal.
  • Santidad y Pureza: Pecar es placentero para nuestra alma y cuerpo. Por ejemplo el adulterio es placentero al cuerpo, la murmuración al alma. A pesar de que son pecados que los destruyen, al cuerpo y al alma les gustan igual porque les dan placer. Decirle que no al pecado que nos gusta es la más fuerte de las negaciones.
  • Tiempo de oración. A nuestro cuerpo y mente no les gusta orar. Prefieren ver televisión, dormir, ver el Facebook o mirar películas. Prefieren hacer cualquier otra cosa menos orar o leer la biblia. Por eso dedicar un buen tiempo diario a hacerlo representa una negación.
  • Ofrendas Generosas. A la gran mayoría, si hay algo que les duele es el bolsillo. Dar de lo que nos costó esfuerzo y sudor no es fácil, por eso dar ofrendas grandes, generosas, que cuesten, son una negación. Seguramente nuestra mente nos muestra la cantidad de cosas que podríamos hacer con esa plata, pero el que le da a Dios, nunca pierde.
  • Dar de mi tiempo. Servicio. Para los que llevan una vida ocupada dar de su tiempo representa un sacrificio. Muchos prefieren dar plata con tal de no ir a servir a algunos lugares. Levantarse a la siesta para ir a la hora feliz es una negación. Salir a evangelizar luchando con la vergüenza y la timidez es una negación. Siempre será más tentadora la idea de quedarse en casa a descansar, siempre habrá excusas, por eso juntar valor y obligarle a mi carne a salir a bendecir a otros es negación.

Versículos 25-27: El que esté dispuesto a sacrificar su vida acá en la tierra por causa de Jesús, encontrará vida abundante en la tierra y eterna en el cielo. Tenemos la promesa de que Jesús pagará a cada uno conforme a sus obras.

Cuando uno está dispuesto a morir, a dejar atrás la vieja vida, a negarse a uno mismo y tomar su cruz, suceden dos cosas:

1) Sos bendecido.

Todas las bendiciones espirituales del reino son atraídas a nosotros. Los diseños de Dios se establecen en nuestra vida y de a poco se van haciendo palpables. Ahora el padre puede darnos lo que siempre anheló regalarnos. Por cuanto nos humillamos, somos exaltados por Dios.

2) Llevas fruto.

“Multiplicaré tu descendencia”. Solo después que morís y naces de nuevo empezás a llevar fruto. El Espíritu Santo hace morada dentro tuyo, te da poder y respalda tu servicio. Tu ministerio toma forma y comienza a ser levantado por Dios.

“De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto.” Juan 12:24

Por medio tuyo Dios bendecirá a otra gente. Lo que sembrares, será fértil y producirá mucho fruto, porque tu simiente estará bendecida.

¿Estás dispuesto a MORIR?

“Cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.” Lucas 14:25-33

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