Por Leandro Garay

“El cuerpo humano tiene muchas partes, pero las muchas partes forman un cuerpo entero. Lo mismo sucede con el cuerpo de Cristo”. 1 Corintios 12:12 (NTV)

En 1º Corintios 12:12-27, Pablo hace la comparación del cuerpo humano con el cuerpo de Cristo. De la misma forma que el cuerpo humano, el cuerpo de Cristo tiene muchas partes y funciones. Cada uno de nosotros nacimos con un propósito eterno y diferentes asignaciones en el cuerpo de Cristo.

En Filipenses 1:21, Pablo menciona que su vivir es para Cristo. Al entender esta verdad, ya no buscamos nuestro propio beneficio, sino que buscamos dar beneficio a Cristo y a su cuerpo.

En el lugar que Dios nos haya puesto y en la asignación que Él nos haya dado, necesitamos formar la mentalidad de cuerpo. Porque cada cosa que hagamos, va a afectar al cuerpo para bien o para mal. Cuando somos guiados por el Espíritu, sacamos la mirada de nosotros para enfocarnos en cómo puedo edificar a mi prójimo (Efesios 4:1-4).

Tal como dice en Efesios 4:16, cuando ponemos a Cristo como cabeza de nuestras vidas -es decir, aceptamos su gobierno, voluntad y dirección-, somos funcionales en el área en la que Dios nos haya puesto. Porque estamos ayudando a que el cuerpo se desarrolle y crezca en unidad y amor.

“Seré Padre de ustedes y ustedes serán hijos e hijas míos, dice el Señor Todopoderoso”. 2 Corintios 6:18 (BAD)

Para reflexionar: ¿Tiene entendimiento de que forma parte del cuerpo de Cristo? ¿Sabe cuál es su lugar de trabajo en el cuerpo? ¿Está cumpliendo con su función en el cuerpo?

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