Por Ruth Giordana

“Ahora, como ustedes son sus hijos, Dios ha enviado al Espíritu de su Hijo a vivir en ustedes. Por eso, cuando oramos a Dios, el Espíritu nos permite llamarlo: ‘Papá, querido papá’. Ustedes ya no son como los esclavos de cualquier familia, sino que son hijos de Dios. Y como son sus hijos, gracias a Él tienen derecho a recibir su herencia”. Gálatas 4:6-7 (TLA)

Ser hijos nos hace entender que tenemos una identidad en Cristo, que pertenecemos a una familia, que somos amados por Dios y somos aceptos por Él. Somos hijos escogidos y apartados por Dios, desde antes de la fundación del mundo. No estamos solos, aun así, aunque nos falten nuestros padres terrenales, tenemos al Padre celestial.

Descubrimos nuestra verdadera identidad, cuando aceptamos la verdad de lo que Dios dice de nosotros. ¡Nada mejor que las palabras del Padre para afirmarnos en nuestra verdadera familia! Y es por Su gracia que lo somos.

Muchas veces las mentiras que hay en nosotros, velan nuestra identidad, convirtiéndonos en huérfanos. Un huérfano no conoce sus raíces, se siente abandonado, no tiene herencia y se siente desprotegido.

Cómo hijos tenemos derecho a todos los beneficios del amor paternal de Dios: autoridad, fidelidad, generosidad, afecto y atención. La base para una verdadera identidad y personalidad nace en la unión con Cristo. Toda conversación en cuanto al verdadero yo tiene su raíz en la realidad de la imagen que portamos, y cómo Cristo reclama que esa imagen se aparte del pecado.

Para reflexionar: ¿Se siente usted hijo? ¿Cómo ve usted a Dios: cómo un Padre cercano, al cual puede ir confiadamente o como un padre lejano, autoritario que solo debe cumplirle ordenes? ¿Se siente huérfano?

© 2015 "El Renuevo" | Iglesia Cristiana Evangélica.
Arriba
Seguinos en: