Por Gustavo Giordana

“A quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús”. Romanos 3:25-26 (RVR1960)

La justificación es lo opuesto a la condenación y es una sentencia a través de la cual Dios perdona todos los pecados de aquellos que han puesto su fe y su confianza en el sacrificio de su hijo en la Cruz.

Este es uno de los procesos más ilógicos a los que podemos enfrentarnos y es la razón por la cual muchas personas se creen indignos de recibir perdón y justificación de parte de Dios, luego de haber vivido tan desordenadamente y apartados de Él.

El mayor problema que tenemos las personas con la justificación y la salvación, es que nosotros mismos tratamos de producir nuestra propia justicia a través de las buenas obras o actos de sacrificios con el fin de agradar a Dios, sin darnos cuenta que la misma palabra indica que hay un solo camino que nos lleva a Dios, y ese es Jesús.

“Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él”.
Romanos 3:21-22a (RVR1960)

Para reflexionar: ¿Se siente justo delante de Dios? ¿Cree que necesita pagar por sus pecados?

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