Por Paola Arguello

“Algunos de ustedes dicen: «Soy libre de hacer lo que yo quiera.» ¡Claro que sí! Pero no todo lo que uno quiere, conviene; por eso no permito que nada me domine”. 1 Corintios 6:12 (TLA)

Las relaciones sexuales son un diseño de Dios creado para el disfrute de ambos géneros, hombre y mujer, en el tiempo correcto: el matrimonio. Como dice la Biblia, al tener relaciones se crea un lazo invisible y espiritual entre las personas, nos hacemos parte de la otra persona de forma permanente.

Como todo diseño de Dios, el sexo fue creado con un propósito. Por un lado, la reproducción humana y, por el otro, la unión íntima entre un hombre y una mujer que se han comprometido delante de Él a vivir juntos como marido y mujer por el resto de sus vidas.

Este diseño de Dios incluye la intimidad, la pureza, fidelidad y honra a Dios, a uno mismo y a su cónyuge. Por eso el enemigo usa a gente que no respeta a Dios para trasgredir este diseño y así promover la lascivia, la promiscuidad, el adulterio y el divorcio entre matrimonios. A esto Pablo se refiere cuando nos aconseja que no todo nos conviene y no todo nos edifica. Ni a nosotros, o nuestras generaciones les conviene nada que tenga que ver con la perversión sexual: fornicación, pornografía, promiscuidad, lascivia, adulterio, divorcio, relaciones con personas del mismo género, etc.

La sexualidad es mucho más que un evento físico, todo nuestro ser es afectado cuando nuestros deseos sexuales se activan: nuestros pensamientos, nuestras emociones, e incluso nuestro comportamiento y actitud hacia la vida cambia. La sexualidad es mucho más de lo que creemos y de lo que aprendemos en la calle, la televisión o de conversaciones con amigos que han aprendido del mismo modo. ¿Había pensado alguna vez que aún la sexualidad fue diseñada por Dios para honrarlo con la manera en que la usamos? Si Dios es tu Señor, aun tu cuerpo le pertenece, Dios está allí cuando haces uso de tu sexualidad, Él lo ve y lo sabe todo, Él creó el sexo y todo lo que le rodea, no se avergüenza ni intimida.

Para reflexionar:  Le invito a que pueda reconocer ante Dios quién está teniendo el control de tu sexualidad. Si la fornicación, el adulterio, la pornografía, los pensamientos desordenados sobre el sexo o el género han tomado el control de su vida, necesita buscar a Dios y a su discipulador para que lo pueda ayudar.

© 2015 "El Renuevo" | Iglesia Cristiana Evangélica.
Arriba
Seguinos en: