¿Qué significa el evangelio para nosotros?

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RESUMEN:

 

«Y por mí, a fin de que al abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio, por el cual soy embajador en cadenas; que con denuedo hable de él, como debo hablar». Efesios 6:19-20 (RVR1960)

 

Cuando hablamos del misterio del evangelio, nos referimos a algo que vamos conociendo y aprendiendo de a poco, por medio de un proceso.

¿Qué es para nosotros el evangelio? Es una experiencia interna y una manifestación externa. Todo lo que comienza en el interior, se expresa en el exterior.

La salvación es gozo en nosotros. Es algo que disfrutamos en lo íntimo y personal. Sin embargo, deja evidencias en mi vida externa. Nuestras acciones y gestión de vida evidencian la salvación que disfrutamos.

El evangelio comienza en nosotros, pero madura en otros. Desde nuestro interior, es impartido al mundo. El evangelio es el verdadero alimento de este mundo.

Si la fuente de vida, Cristo, no es experimentado por el mundo… ¿qué es lo que está creciendo en mí? Necesitamos aprender a mirar hacia dentro en primera instancia.

El evangelio es una experiencia cotidiana, de todos los días. Somos llamados a entender el evangelio y vivir coherentemente, esto es disfrutarlo e impartirlo.

La cruz es un tratado continuo que experimentamos de nuestra vida a su vida. Al traspasar a la vida de Cristo hay un cambio de realidad, un traslado de vida.

No siempre es Dios quien acude a nuestros problemas. Dios no nos ayuda en nuestra realidad, él está interesado que vivamos en su realidad.

Iglesia: ser participante de su deidad. Volverme uno con Cristo. Ser parte de un cuerpo. Es perder una vida individual y personal, centrada en uno mismo. Ser iglesia es haber terminado con mi vida personal e individual, para ser parte de un cuerpo.

 

«También ustedes son como piedras vivas, con las cuales se está edificando una casa espiritual. De este modo llegan a ser un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por medio de Jesucristo». 1 Pedro 2:5 (NVI)

 

La cruz nos vuelve ministros. El ministro es aquel que reparte y entrega lo que gestiona. El ministro entrega lo que le fue entregado primero. El evangelio se trata de dar a los demás. Todos fuimos hechos ministros. Tenemos la responsabilidad de dispensar la gracia de Dios a este mundo.

 

«Si ahora ustedes me son del todo obedientes, y cumplen mi pacto, serán mi propiedad exclusiva entre todas las naciones. Aunque toda la tierra me pertenece, ustedes serán para mí un reino de sacerdotes y una nación santa». Éxodo 19:5-6

 

Dios siempre tuvo el deseo de ser representado. El pecado quería reemplazar a Dios.

 

“Cristo es la piedra viva, rechazada por los seres humanos, pero escogida y preciosa ante Dios. Al acercarse a él, también ustedes son como piedras vivas, con las cuales se está edificando una casa espiritual. De este modo llegan a ser un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por medio de Jesucristo.  Así dice la Escritura:

«Miren que pongo en Sión una piedra principal escogida y preciosa, y el que confíe en ella no será jamás defraudado».

Para ustedes los creyentes, esta piedra es preciosa; pero para los incrédulos,

«la piedra que desecharon los constructores ha llegado a ser la piedra angular»,

y también:

«una piedra de tropiezo y una roca que hace caer».

Tropiezan al desobedecer la palabra, para lo cual estaban destinados.

Pero ustedes son linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo que pertenece a Dios, para que proclamen las obras maravillosas de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable. Ustedes antes ni siquiera eran pueblo, pero ahora son pueblo de Dios; antes no habían recibido misericordia, pero ahora ya la han recibido.

Queridos hermanos, les ruego como a extranjeros y peregrinos en este mundo que se aparten de los deseos pecaminosos que combaten contra la vida. Mantengan entre los incrédulos una conducta tan ejemplar que, aunque los acusen de hacer el mal, ellos observen las buenas obras de ustedes y glorifiquen a Dios en el día de la salvación”.  Pedro 2:4-12 (NVI)

 

Nuestras vidas son distintas, pero nos une la comunión. Somos por su gracia. No existe un diseño para nosotros por fuera de la iglesia. Ya no se trata de nosotros o nuestro ministerio personal, tenemos que tener una mirada global y corporativa. El evangelio no puede ser entendido por muchas miradas, sino por una sola.

Dios pide sacrificios espirituales, pero solo aquellos que salen de la vida de su hijo. ¿Qué es un sacrificio espiritual? Una gestión de vida que nace de la vida de Cristo, no de nosotros. Es darle a Dios lo que él desea recibir de nosotros. Dios nos demanda que desde la gracia que nos dio, le demos a él.

Lo primero que evidencia a la iglesia es la alta responsabilidad para con Dios. No se preocupa en agradar al mundo que los rodea, sino a Dios. ¿Qué tan responsable soy para con Dios? ¿Le estoy dando lo que él me pide?

Hay un orden, Dios nos hizo iglesia para ofrecer sacrificios espirituales a Él. Nuestra primera responsabilidad es que Dios acepte lo que estamos haciendo. Dios nos enseña a ver que la importancia está en el interior. Somos parte de la Casa de Dios y debemos cumplir los deseos del dueño de la casa.

Nuestros más altos esfuerzos, entrega, diligencia y responsabilidad tienen que estar en lo que Dios quiere recibir. Hacedor de maldad no es el que hace lo malo, sino el que hace aquello que Dios no pidió. En la casa del Señor, solo hablamos de su voluntad.

Lo primero que Dios nos hace ver, es la importancia de vivir en verdadera comunión con el Espíritu Santo.

 

“Antes bien, como está escrito:

«Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman».

Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios”. 1 Corintios 2:9-10 (RVR1960)

 

Ser iglesia es vivir en el Espíritu, y esto es vivir en una cotidiana revelación. Un cotidiano conducir del Espíritu.

Pr. Julián Ríos

 

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