Prof. Natanael Ceballos

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RESUMEN:

«Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y ustedes son el campo de cultivo de Dios, son el edificio de Dios. Según la gracia que Dios me ha dado, yo, como perito arquitecto, puse el fundamento, mientras que otro sigue construyendo encima, pero cada uno debe tener cuidado de cómo sobreedifica. Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo. Y si alguno edifica sobre este fundamento, y pone oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, u hojarasca, su obra podrá verse claramente; el día la pondrá al descubierto, y la obra de cada uno, sea la que sea, será revelada y probada por el fuego. Si lo que alguno sobreedificó permanece, ése recibirá su recompensa. Si lo que alguno sobreedificó se quema, ése sufrirá una pérdida, si bien él mismo se salvará, aunque como quien escapa del fuego». 1 Corintios 3:9-15 (RVC)

En este tiempo, Dios nos está llevando a ser expertos en el evangelio.
Dios nos llama a salir de la simplicidad y la ignorancia, para ir más profundo.
Debemos prestar atención a construir sobre el fundamento correcto y con qué material voy a edificar.
El evangelio siempre se construye enfocado en Cristo y no en el hombre.

«En él fue creado todo lo que hay en los cielos y en la tierra, todo lo visible y lo invisible; tronos, poderes, principados, o autoridades, todo fue creado por medio de él y para él. Él existía antes de todas las cosas, y por él se mantiene todo en orden. Él es la cabeza del cuerpo, que es la iglesia. Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, para tener la preeminencia en todo». Colosenses 1:16-18 (RVC)

El evangelio antropocéntrico se preocupa por el hombre y sus necesidades, pide que Dios intervenga en nuestra realidad humana (y no incertarnos nosotros en la realidad de Cristo).
El evangelio verdadero pone nuestra mirada en Cristo y su realidad.
El evangelio se construye con palabras, porque la verdad permanece para siempre. El engaño no permanece en los tiempos de prueba, porque no tiene sustancia, está corrupto.
Las pruebas nos dan más libertad, nos ayudan a descubrir la vida de Cristo en nosotros.

«¿No saben que ustedes son templo de Dios, y que el Espíritu de Dios habita en ustedes? Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él, porque el templo de Dios es santo, y ustedes son ese templo. Que nadie se engañe. Si alguno de ustedes se cree sabio según la sabiduría de este mundo, hágase ignorante, para que llegue a ser sabio. Porque para Dios la sabiduría de este mundo es insensatez; pues escrito está: «Él atrapa a los sabios en sus propias trampas». Y en otra parte dice: «El Señor conoce los pensamientos de los sabios, y éstos son inútiles»». 1 Corintios 3:16-20 (RVC)

Cuando construimos basados en la sabiduría humana, nuestro edificio no permanecerá. Si nuestra fuente de conocimiento no es Dios, corremos el riesgo de ser derrumbados y dar leche espiritual adulterada.
Necesitamos aprender a diferenciar la verdad del engaño. No nos puede dar igual los materiales de la construcción. El que conoce la verdad, no se deja engañar.

«Ese proceso continuará hasta que todos alcancemos tal unidad en nuestra fe y conocimiento del Hijo de Dios que seamos maduros en el Señor, es decir, hasta que lleguemos a la plena y completa medida de Cristo. Entonces ya no seremos inmaduros como los niños. No seremos arrastrados de un lado a otro ni empujados por cualquier corriente de nuevas enseñanzas. No nos dejaremos llevar por personas que intenten engañarnos con mentiras tan hábiles que parezcan la verdad. En cambio, hablaremos la verdad con amor y así creceremos en todo sentido hasta parecernos más y más a Cristo, quien es la cabeza de su cuerpo, que es la iglesia». Efesios 4:13-15 (NTV)

El inmaduro es manipulable en el engaño.
Dios levanta una generación de reforma, que vuelva el evangelio al original.
La verdad genera resistencia, oposición. La verdad confronta, pero también seduce.
Cuando el evangelio se mezcla, se diluye con mentiras y deja de funcionar. Una iglesia que vive bajo el engaño, deja de cumplir su función.
Cuando hay falta de verdad, la ignorancia es un estorbo que impide que la vida de Cristo fluya. Necesitamos volvernos a la verdad.

«Jesús le dijo a la gente que creyó en él: Ustedes son verdaderamente mis discípulos si se mantienen fieles a mis enseñanzas; y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres. -Nosotros somos descendientes de Abraham —le respondieron—, nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Qué quieres decir con “los hará libres”?, Jesús contestó: Les digo la verdad, todo el que comete pecado es esclavo del pecado. Un esclavo no es un miembro permanente de la familia, pero un hijo sí forma parte de la familia para siempre». Juan 8:31-35 (NTV) 

Si permanecemos en el engaño, permanecemos en el pecado. Solo la verdad nos trae libertad.

«Les digo la verdad, ¡todo el que obedezca mi enseñanza jamás morirá!». Juan 8:51 (NTV) 

Algo es verdad solo si nos aleja de la muerte (separación).
¿Cómo podemos medir el nivel de verdad en nuestra mente? A medida que la vida de Cristo hay en nosotros.

«Jesús habló una vez más al pueblo y dijo: «Yo soy la luz del mundo. Si ustedes me siguen, no tendrán que andar en la oscuridad porque tendrán la luz que lleva a la vida»». Juan 8:12 (NTV) 

La palabra de verdad nos lleva a la vida. Todos nuestros problemas se basan en el engaño, pero todas las soluciones están en la verdad.

«Les anunciamos al que existe desde el principio, a quien hemos visto y oído. Lo vimos con nuestros propios ojos y lo tocamos con nuestras propias manos. Él es la Palabra de vida. Él, quien es la vida misma, nos fue revelado, y nosotros lo vimos; y ahora testificamos y anunciamos a ustedes que él es la vida eterna. Estaba con el Padre, y luego nos fue revelado. Les anunciamos lo que nosotros mismos hemos visto y oído, para que ustedes tengan comunión con nosotros; y nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo, Jesucristo. Escribimos estas cosas para que ustedes puedan participar plenamente de nuestra alegría». 1 Juan 1:1-4 (NTV)

Buscar la verdad tiene que volverse la razón de nuestra vida.

Prof. Natanael Ceballos

 

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