¿Qué significa el evangelio para nosotros?

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RESUMEN:

Si la vida del Espíritu no es real y cotidiana en nosotros, la palabra no puede hacer nada. Todo lo que pensamos, meditamos y guardamos en nuestro corazón se termina repitiendo en nuestra vida.

Estar en Cristo, vivir en el evangelio, tiene una evidencia en nuestro andar, porque nuestra vida toma la forma del Espíritu que nos gobierna. Sin una genuina y cotidiana vida con el espíritu se nos hace imposible meditar en la palabra.

El trabajo en el Espíritu es llevarnos a una continua vida de oración. Solo por medio del Espíritu podemos tener una profunda claridad sobre lo que tengo que dispensar por gracia. El Espíritu nos revela que tenemos y somos por gracia.

Solo por la vida del Espíritu Santo y la vida cotidiana de comunión, podemos entender el propósito eterno de Dios.

 

«Vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo». 1 Pedro 2:5 (RVR1960)

 

El propósito eterno de Dios es edificarse a sí mismo una casa que lo exprese corporativamente. El evangelio no puede ser pensado de forma individual, sino de forma corporativa. Dios desea expresarse corporativamente.

No podemos comprender el evangelio sin una mirada corporativa, desde la perspectiva de Dios. Ser funcionales al propósito eterno es vivir en la vida de Cristo de forma corporativa.

La iglesia presente es aquella que expresa cotidianamente a Cristo. El mundo puede ver la expresión de la vida de la iglesia.

Sin una vida sujeta al Espíritu Santo nos será imposible comprender el evangelio, el propósito eterno de Dios y ser funcionales.

 

«Hermanos, no seáis niños en el modo de pensar, sino sed niños en la malicia, pero maduros en el modo de pensar». 1 Corintios 14:20 (RVR1960)

 

Ser maduro en la forma de pensar es ver lo que edifica a la casa de Dios, es pensar de forma completa. Los pensamientos íntegros y completos, solo están en la mente de Cristo.

 

«Porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa». Romanos 1:19-20

 

Tenemos el privilegio, al ser casa de Dios, de hacer visible lo que está dentro de la casa; aquello que es invisible. La casa, la iglesia, expresa las cualidades invisibles de Dios.

Somos responsables de alimentar a un mundo desnutrido.

 

«Ahora Dios nos ha dado a conocer su misterioso plan acerca de Cristo, un plan ideado para cumplir el buen propósito de Dios. Y el plan es el siguiente: a su debido tiempo, Dios reunirá todas las cosas y las pondrá bajo la autoridad de Cristo, todas las cosas que están en el cielo y también las que están en la tierra». Efesios 1:9-10 (NTV)

 

¿Estamos dispuestos a llevar una gestión de vida que no nos produzca placer a nosotros? A medida que maduramos, el placer de Dios se vuelve nuestro placer.

 

«Fui elegido para explicarles a todos el misterioso plan que Dios, el Creador de todas las cosas, mantuvo oculto desde el comienzo. El propósito de Dios con todo esto fue utilizar a la iglesia para mostrar la amplia variedad de su sabiduría a todos los gobernantes y autoridades invisibles que están en los lugares celestiales». Efesios 3:9-10 (NTV)

 

Tenemos la responsabilidad de administrar fielmente lo que hemos recibido y dispensarlo a otros. Nuestras decisiones se deben tomar por la conveniencia de la casa.

La fe que tenemos indica la vida que vamos a tener. Por el Espíritu Santo se revela la experiencia de la fe.

 

«Esto te escribo, aunque tengo la esperanza de ir pronto a verte, para que, si tardo, sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad. E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne, Justificado en el Espíritu, Visto de los ángeles, Predicado a los gentiles, Creído en el mundo, Recibido arriba en gloria». 1 Timoteo 3:14-16 (RVR1960)

 

Nuestra conducción depende de la casa de Dios. Nuestra economía depende todos los días en la cruz. Todo lo que hacemos debe exaltar a la casa de Dios.

Economía: ley o conducción de la casa.

Ser parte de la casa de Dios es ejercer el ministerio de la piedad. Para ser piadosos debemos conducirnos por lo que Dios ya estableció. Solamente el mayordomo puede ser piadoso. Lo que no pertenece a la piedad, debe desecharse.

Mayordomo: el que se somete a la ley de la casa. Administra los deseos de la casa. Se somete a la voz del Señor de la casa.

Como administradores, nuestra vida comienza a gestionarse de acuerdo a lo que se determina en la casa de Dios.

Autonomía: ley propia. El pecado es vivir en mi ley, decidir vivir como nosotros queremos.

Tenemos que elegir ser autónomos o mayordomos. Ser parte de la casa de Dios es someterse a la voz del Señor de la casa, morir a nuestra ley. Ser maduro es pensar en lo que edifica a la casa.

 

“Desecha las fábulas profanas y de viejas. Ejercítate para la piedad; porque el ejercicio corporal para poco es provechoso, pero la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera”. 1 Timoteo 4:7-8 (RVR1960)

 

Pr. Julián Ríos

 

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