Por Natanael Ceballos

“Dios los ha unido a ustedes con Cristo Jesús. Dios hizo que él fuera la sabiduría misma para nuestro beneficio. Cristo nos hizo justos ante Dios; nos hizo puros y santos y nos liberó del pecado”. 1 Corintios 1:30 (NTV)

En una ocasión cuando Moisés estaba en el monte Sinaí, Dios le pidió que quitara el calzado de sus pies, porque la tierra donde estaba era santa. En otra ocasión Dios le dijo lo mismo a Josué en Jericó. ¿Qué convertía a esas tierras en lugares santos? Que Dios estaba en ella. Cristo había decidido habitarla y eso las santificaba. De aquí extraemos un principio importante: algo es santo cuando Dios decide habitar en él. Nosotros somos santos porque Cristo decidió vivir en nosotros, de otra forma nunca lo seríamos. No somos santos cuando no pecamos, somos santos cuando Cristo vive en nosotros, Él nos santifica.

La santidad no es un mérito nuestro, jamás podríamos alcanzarla por medio de esfuerzos humanos. Somos santos simplemente porque Él decidió hacer su templo en nuestro espíritu. Quizás hoy puedas pensar que su condición difiere mucho de la posición de santidad en la que Dios te ha puesto, pero crecer en la verdad es lo que une nuestra condición con nuestra posición. La verdad nos va transformando hasta que nos convertimos en lo que Dios dice que somos. Esto nos permite evaluar ¿Cuánto nivel de verdad hay en mí?

“Así que, todos nosotros, a quienes nos ha sido quitado el velo, podemos ver y reflejar la gloria del Señor. El Señor, quien es el Espíritu, nos hace más y más parecidos a él a medida que somos transformados a su gloriosa imagen” 2 Corintios 3:18 (NTV). El Espíritu Santo nos va perfeccionando hasta el día en que Cristo regrese. La vida del Espíritu en nosotros nos va indicando día a día lo que debe ser transformado y cambiado. Si somos obedientes, nos hacemos cada vez más parecidos a él.

Para reflexionar: ¿Cuánto nivel de verdad sobre santidad hay en usted?

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