Por Ludmila Argüello

“Eso los incluye a ustedes, que antes estaban lejos de Dios. Eran sus enemigos, estaban separados de el por sus malos pensamientos y acciones, pero ahora él los reconcilió consigo mediante la muerte de Cristo en su cuerpo físico. Como resultado, los ha trasladado a su propia presencia, y ahora ustedes son Santos, libres de culpa y pueden presentarse delante de él sin ninguna falta”. Colosenses 1:21-23 (NTV)

Pablo nos habla sobre una verdad tan genuina, que demuestra tanto la gracia que Dios tiene para con nosotros. Primero debemos entender que “si morimos con Cristo, fuimos liberados del poder del pecado, y dado que morimos con Cristo, sabemos que también viviremos con Él” (Romanos 6:7 TLA). La clave de todo esto, es aprender a pensar sobre nuestras acciones y pensamientos que nos separan de Su persona. Ser diligentes y morir a eso, para vivir en Cristo.

Debemos quebrantarnos y despojarnos de la vieja naturaleza y tener la convicción de que Cristo ya nos reconcilió con Dios (Colosenses 1:19-20). La reconciliación en Cristo, también nos hace entender lo importante que es estar unidos como cuerpo en Él.

“Él ya existía antes de todas las cosas y mantiene unida toda la creación. Cristo también es la cabeza de la Iglesia, la cual es su cuerpo”. Colosenses 1:17-18 (NTV)

La importancia de reconciliarnos con Cristo, no es solamente pensar en cómo llegamos a un acuerdo con Dios, es mucho más allá de “justificados pues por la fe tenemos paz para con Dios”; Es entender que en esta reconciliación recibimos no solamente el perdón de nuestros pecados y estamos en paz con Dios, sino que también recibimos la mente de Cristo.

Ser reconciliados con Cristo también significa volver a unirnos a la fuente. Entender que en Cristo está todo aquello que necesitamos.

Para reflexionar: ¿Tiene pensamientos o acciones que me impiden estar reconciliado en Cristo? Medite sobre qué implica estar reconciliado con Él.

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