Por Leandro Garay

“Si alguien quiere ser mi seguidor, tiene que renunciar a sí mismo, aceptar la cruz que se le da y seguirme. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mi causa, la encontrará”. Mateo 16:24-25 (PDT)

Vivimos en un mundo que es gobernado por un sistema egoísta, que fomenta el beneficio personal sin tener en cuenta al prójimo.

Como hijos de Dios, pertenecemos a un reino basado en el amor y el servicio al prójimo. Nos enfocamos en manifestar al Cristo que portamos dentro. Pero para esto, es necesario morir a lo que nuestra alma busca egoístamente.

Si queremos ser discípulos de Él, imitadores, debemos renunciar a nuestra manera de vivir, para dar lugar a la vida y voluntad de Cristo.

El Apóstol Pablo nos hace la misma aclaración en Colosenses 3:5, es necesario hacer morir a las cosas pecaminosas que el sistema de este mundo introdujo en nosotros, para que nada obstaculice la manifestación de Cristo en nosotros. La única forma de renunciar a algo que amamos es por haber experimentado un amor mayor. Si nunca experimentó a Cristo en su vida, nunca podrá renunciar a su egoísmo. Un encuentro con Cristo hace de esto, un estilo de vida.

Para reflexionar: ¿Puede usted identificar egoísmo o comodidad en su diario vivir? ¿Qué es lo que necesita entregar para que Cristo se manifieste en su vida?

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