Por Emanuel Lopez

«Quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos». 2 Timoteo 1:9 (RVR1960)

En el ser humano Dios puso necesidades en un sentido integral. En cada área de nuestra vida, estas necesidades deben ser satisfechas. Existen 4 tipos de necesidades emocionales básicas: identidad, seguridad, amor y propósito. Cada una de ellas debe ser satisfecha para que el ser humano viva y se sienta pleno. En este caso, hablaremos específicamente sobre la necesidad de propósito.

Necesidad es todo aquello indispensable para vivir en plenitud. Se diferencia del deseo, ya que si no se satisface trae consecuencias negativas a la vida de la persona. Propósito es el ánimo o intención de hacer o no algo. Es un objetivo que se pretende conseguir.

Entonces, podemos decir que Dios ha puesto en sus hijos la necesidad de sentirse valiosos y útiles, pero para eso debemos saber cuál es nuestra misión en el mundo. Fuimos creados para cumplir una función específica, e ignorar el para qué fuimos creados nos genera apatía, aburrimiento, desgano y hasta deseos de muerte.

Existen dos tipos de propósitos: uno general en que todos participamos, que es conocer y estar en Cristo. Y el específico es una consecuencia del primero, y es la asignación que Dios nos entregó a cada uno.

Solo en Cristo, y por medio de Él, es que podemos satisfacer la necesidad de propósito en nuestras vidas.

Para reflexionar:  ¿Logra reconocer en su vida aburrimiento, desgano, apatía, o incluso pensamientos de muerte? Tómese un tiempo para escuchar a Dios y pida ser guiado hacia su
propósito original.

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