Por Matias Ceballos

“Ustedes antes vivían en la oscuridad, pero ahora, por estar unidos al Señor, viven en la luz. Pórtense como quienes pertenecen a la luz”. Efesios 5:8 (DHH)

Andar en luz, significa que nuestra vida es alineada constantemente a la voluntad del Padre. Es un proceso por el cual nuestra condición (la realidad en la que estamos) se va moldeando de acuerdo a la posición que tenemos en Cristo.

Vivir en luz, no es otra cosa que permanecer en la verdad. La verdad esta siempre relacionada a la luz. Es una herramienta que nos permite disfrutar la plenitud de la vida. Sin luz no hay visión. El propósito de la luz en nuestra vida cumple dos funciones: alumbra aquello que está en oscuridad y necesita ser cambiado, y revela a la persona de Cristo en nosotros, para que su voluntad, carácter y corazón crezcan en nosotros.

Permanecer en luz es permanecer en la vida y en dependencia absoluta a Dios. Es imposible morar en luz, si soy independiente, porque Dios es fuente de toda luz. Tal como lo expresa William Paul Young en su libro La cabaña: “Papá (Dios) se acercó y le dijo: Yo soy la luz y soy el bien. Soy amor, y no hay oscuridad en mí. Luz y Bien sí existen. Así que, separarte de mí te sumirá en la más profunda oscuridad. Declarar tu independencia resultará en mal, porque, separado de mí, sólo puedes valerte de ti. Esto es la muerte, separarse de mí: de la Vida».

Debemos dejarnos iluminar por la luz de Cristo, para que nuestra vida se convierta en Su vida.

Para reflexionar: ¿Quién dice Dios que eres? ¿Hay hábitos, pensamientos o actitudes que no corresponden a la vida de Cristo?

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