Por Priscila Mattos

“Pero la posesión más preciosa del hombre es la diligencia”. Proverbios 12:27b (NBLH)

El mundo de hoy se mueve rápido, dando prioridad a todo aquello que es instantáneo, pareciera ser que todo lo que hay en él -desde grandes empresas hasta un pequeño artefacto- está planeado para la comodidad y confort de los seres humanos, con el fin de ahorrarles todo tipo de trabajo y esfuerzos. En consecuencia, este deseo de quererlo todo -en el momento y de manera fácil- forma una mentalidad de pereza y desgano en las personas, que afecta nuestra forma de vivir.

La pereza busca controlar sutilmente, todas las áreas de nuestra vida, incluyendo la más importante, que es la vida espiritual. Esta misma, anula todo compromiso con Dios, y nos aleja de Él, nos hace ver con indiferencia y pesadez, la relación que tenemos con el Padre. La pereza nos vuelve insensibles, debilita la fe en Cristo y apaga el propósito de Dios en nuestras vidas.

Existen muchas manifestaciones de pereza: física (es aquella trae desgano y cansancio excesivo), mental (aquella que genera conformismo y vagancia, evita tener que estudiar, tomar conocimiento y sabiduría, trabajar en la mente y educar los pensamientos) y la existencial (que actúa a través del aburrimiento y la desmotivación por todas las cosas, hace que las personas,
no le encuentren, el sentido a la vida). El hombre o mujer que es gobernado por la pereza, termina viviendo una vida descuidada, en pobreza y sin orden.

Más en Cristo encontramos el recurso de la diligencia, que es definida como una virtud que combate la pereza y tiene una relación directa con el amor, el motor que la impulsa. En la nueva vida con Dios, somos animados a ser diligentes y productivos por amor a Cristo. La diligencia nos fortalece y nos hace crecer en relación y comunión con nuestro Señor. El Espíritu Santo, a través de la misma, nos activa en fe para llevar una vida obediente y para poder acceder a todo lo que Dios diseñó para nosotros. La diligencia, trae riquezas en todos los aspectos de la vida, nos vuelve más responsables y esforzados, nos hace eficaces para terminar aquellas cosas que empezamos, también nos permite desarrollar el carácter que Dios espera para poder cumplir sus sueños y planes en la tierra.

Para reflexionar: Anote específicamente, ¿en qué áreas de su vida, usted considera que se encuentra en pereza? Tome tiempo con Dios y proponga cambios. También le animamos a que se rodee de gente diligente y siga su ejemplo.

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