Por Gustavo Lopez

“Cuando Cristo estuvo aquí en el mundo, oró mucho a Dios, y con lágrimas le rogó que lo librara de la muerte, pues Dios tenía poder para hacerlo. Y como Cristo siempre fue obediente, Dios contestó su oración. Aunque él era Hijo de Dios, por medio del
sufrimiento aprendió lo que significa obedecer siempre a Dios”. Hebreos 5:7-8 (TLA)

La obediencia es una actitud que tenemos que aprender a aceptar, no es una cualidad automática que recibimos al hacer partícipe a Cristo de nuestra salvación, sino que es un hábito que vamos adquiriendo y mejorando día a día, mediante nuestras actitudes y acciones. En la carta a los Hebreos usted puede ver el ejemplo de Jesús en cuanto a obediencia y que a pesar de ser contrario a su voluntad, cumplió con lo más importante, que era el obedecer con la voluntad de Su Padre.

La obediencia consiste en hacer la voluntad de Dios, Él no tiene que darnos ninguna explicación por las cosas que nos pide hacer. Aunque no entendamos o nos parezca en vano, debemos confiar y obedecer completamente. En algunas oportunidades solo cumplimos con una parte de lo que Dios nos pide, y eso también es incorrecto, lo contrario a obediencia es la rebeldía.

Cuando obedecemos a Dios, no solo nuestro corazón se llena de gozo y alegría, sino que sabemos que es una forma de adorar y reconocer a nuestro Padre Celestial. El obedecer Su palabra nos asegura el cumplimiento, no solo de su propósito de nuestras vidas, sino el recibir todas las bendiciones que ya han sido dadas en los lugares celestiales para Sus hijos.

Para reflexionar: No es una elección, debe ser nuestro estilo de vida. ¿Alguna vez Dios te pidió
algo y solo hiciste lo que creías conveniente? ¿En qué situaciones le es difícil obedecer a Dios?

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