¿Sabía que los cristianos somos extraterrestres? Esta palabra siginifica: Ser vivo que procede de otro planeta o lugar exterior a la tierra. Jesús dijo sobre sus discípulos: «Ellos no son del mundo, como yo tampoco pertenezco al mundo.» Jn. 17:16.

En Col. 1:13, el apóstol Pablo dice que fuimos trasladados al reino de su amado Hijo”. Eso significa que al momento de hacernos seguidores de Cristo, nuestra ciudadanía cambia y ya no pertenecemos a este mundo.

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo” Filipenses 3:20

Cuando nacemos de nuevo nuestra nacionalidad es celestial. Circunstancialmente vivimos en la tierra, en Córdoba, Argentina, o en el lugar dónde estés. Pero no pertenecemos a este mundo, somos extranjeros en esta tierra, nuestra verdadera nacionalidad esta en los cielos.

Juan 18:36 “Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí.”

Hebreos 11:13 “Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra.”

Ciudadanos de los cielos

Si bien somos ciudadanos del cielo, temporalmente estamos viviendo en esta tierra. Eso significa que lo que dure nuestra vida aquí, debemos representar el reino al que pertenecemos. Es por eso que su palabra dice que somos Embajadores.

La autoridad del rey es delegada a sus embajadores. Si tu eres delegado del rey, es como si el mismo rey se hiciera presente en un lugar. Jesús dijo, «El que a ustedes los recibe, a mi me recibe. Y el que me recibe a mi, recibe al que me envió». Los recursos del rey están a tu disposición. Las huestes angelicales están para ayudarte y atender tus necesidades. Cuando se toca un súbdito del rey, se están metiendo con el rey, tal como sucede en las embajadas terrenales.

Si me asilo en una embajada, nadie puede tocarme porque yo estoy en un territorio internacional. Si alguien viola ese territorio es considerado un acto de provocación. Ese territorio, aunque esta dentro de un país, es otro país. Cuando yo salgo de una embajada escoltado por los guardias, todo el trayecto que caminemos, se hace una extensión del territorio internacional. Nadie me puede tocar, porque se hace un cerco invisible, pero que existe legalmente.

Cuando alguien entra a tu casa, tiene que sentir literalmente que entró a otro país. Tiene que sentir que esta en otro ambiente, eso es reino. En nuestro vehículo, en nuestro negocio, se debe respirar el perfume de Cristo. Jesús sabía lo que es reino. Todo el tiempo buscaba manifestar el reino de los cielos en la tierra. La gente veía en Jesús algo diferente: la samaritana, Nicodemo, el ladrón de la cruz. No hubo ni una persona que se haya cruzado con Jesús que sus vidas no fueran impactadas por él. Cuando la gente se cruce con usted, tiene que sentir reino.

Durante muchos años vivimos alejados de Dios e ignorábamos los principios de su reino y nos movíamos de acuerdo a los principios naturales. Al ser trasladados al reino de Dios tenemos que aprender a pensar de acuerdo a los principios de su reino, debemos renovar nuestras mentes, transformar nuestro entendimiento y esto solo se logra exclusivamente a través de la palabra que es donde están establecidos los principios del reino de Dios.

3 Principios que rigen el Reino de los Cielos

El reino de los cielos se mueve bajo tres principios fundamentales que rigen todos sus diseños: Justicia, Luz y Amor. Saber reconocerlos y movernos bajo éstos principios hará que la presencia de Dios sea atraída a nuestra vida. Cuando una persona, iglesia, comunidad o ciudad viola alguno de estas bases, la gloria de Dios no puede verse.

JUSTICIA (Salmo 97:1-6)

Tal como dice el versículo, Justicia y Juicio son el cimiento de Su Trono; y estos dos principios son inseparables y operan en armonía con los diseños de Dios para traer Su Gloria sobre la tierra. Cuando estos dos fundamentos descienden sobre un lugar, los enemigos de Dios son puestos bajo el estrado de Sus pies y la gloriosa manifestación de Su presencia se deja sentir, trayendo Su voluntad y Su reino en medio de nosotros.

La Justicia es una de las manifestaciones de Dios mismo. Dios es Justo. Jesús dijo: ‘Bienaventurados los que tienen hambre y sed de Justicia, porque ellos serán saciados». Mateo 5:6
Tener hambre de justicia es buscar todo el tiempo hacer lo correcto, lo que agrada a Dios, aún cuando eso parezca perjudicarnos. Ser justo es obrar según las leyes de Dios y no en mi propia conveniencia. Es dar a cada uno lo que le pertenece o lo que le corresponde.

Mientras más justicia haya en nuestra vida, más podremos gozar de las promesas de Dios. (Salmos 11:7) Veamos algunos ejemplos que un ministro de Dios debe tener en cuenta: Puntualidad, no tener deudas, honestidad en el trabajo, honra a los líderes y autoridades, renunciar a la corrupción, el cuidado del cuerpo, etc.

Si actuamos en justicia en todo lo que hagamos, nos irá bien. (Isaías 3:10) Solo el limpio de manos y de corazón puro puede ver a Dios, el que no ha elevado su alma a cosas vanas y en quien no hay engaño.

LUZ (VERDAD)

«En El estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella». Juan 1:4, 5
«Dios es Luz, y no hay ningunas tinieblas en El». 1 Juan 1:5

El reino de Dios es un reino de luz. El verdadero conflicto, es una confrontación entre la luz y las tinieblas. La oscuridad se torna insustancial frente a la luz. A la manifestación instantánea de la luz, las tinieblas automáticamente desaparecen.

El Reino de lo Cielos es un Reino en donde todo es luz, la gran ciudad de Dios está iluminada por la magnificente luz de Dios. Ahí no hay noche, ni hay posibilidad de tinieblas. Todo resplandece, todo brilla, y es extraordinariamente cristalino, puro y lleno de Su Gloria. Es la luz la que nos va a llevar a conocerlo, a conocer las diferentes dimensiones y misterios de Su gloria. Es la luz la que nos lleva a manifestarlo a El de tal manera, que ningunas tinieblas prevalecerán alrededor nuestro. Esta es la forma más alta de guerra espiritual, y la que no puede ser derrotada.

La verdad es luz purísima. Dios te establece en lugares de luz cuando estás dispuesto a caminar en la transparencia más absoluta; diciendo la verdad cueste lo que cueste. Aquí las mentiras «blancas» de las mascaras religiosas, no tienen cabida. Posicionarte en este lugar, te da una autoridad impresionante frente al reino de las tinieblas. Tu voz empieza a operar desde este lugar y tiene un impacto que convierte el alma.

AMOR (Juan 13:34-35 / Oseas 11:1-3 y 8.)

El amor es el principio vital de la luz, y por tanto, el origen de toda la revelación. A mayor entendimiento del amor, vendrá mayor luz, ya mayor luz, tendremos más revelación. Juan era el discípulo del amor; nadie conoció mejor el amor de Dios que él. Y a él se le dio la más grande revelación del Nuevo Testamento.

La plenitud sólo la da el amor. El amor es de origen espiritual, puesto que el amor es Dios. No es un asunto que provenga de una profunda emoción, ni es un asunto de la voluntad. El amor es

Dios mismo que quiere existir a través de ti; que quiere amar a través de ti, que quiere fundirse contigo en tu espíritu e inundar de plenitud todo tu ser. La santidad no es un asunto de conducta religiosa. Es un asunto de amar, de fundirnos con Dios. De dar la vida por los demás, como El dio la vida por nosotros. Es amar desde el glorioso sacrificio de la cruz, donde se encuentra la total negación del yo, para que se pueda expresar el amor que todo lo da por los demás. Entre más nos mezclamos en esa esencia gloriosa entre nuestro espíritu y Su Espíritu; entre más dejo de ser «yo» para convertirme en «nosotros», amándolo a través de amar a mis semejantes; más me acerco a Su santidad.

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