Por Diego Toledo

«Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente». 1 Corintios 2:14 (RVR1960)

La persona que tiene una mente natural vive de acuerdo con lo natural, su intelecto y sus emociones lo gobiernan, cualquier circunstancia adversa que le toca vivir lo puede hacer tambalear y sacar del propósito de Dios para su vida. El hombre natural no está despierto a las cosas espirituales y tampoco las entiende porque es como un niño, le falta crecimiento espiritual, todo lo basa en la razón y no en la verdad de la palabra de Dios. La persona con una mente natural no puede crecer en lo espiritual, sino por lo contrario se detiene en discusiones, pleitos, etc (1 Corintios 2:14).

El cristiano con una mente natural se queda con la experiencia de su conversión, pero el cristiano con una mente eterna es consumido por Cristo mismo. El hombre espiritual ha sido transformado y piensa como Cristo piensa. Actúa y reacciona de una forma agradable al Señor.

Todo lo que hace es precedido por su deseo de agradar a Cristo. Una mentalidad eterna es una mente que conoce los diseños divinos. Una mente como ésta nunca tendrá problemas con la revelación y los cambios que Dios está haciendo en el mundo, se moverá conforme al plan y propósito con que Dios se mueve, no tendrá problemas con guardar y practicar los principios del Reino, porque ha entendido la mente de Dios.

La mente eterna es aquella que piensa, medita y utiliza todas sus capacidades mentales para las  cosas del Espíritu de Dios y la palabra de Dios. Su palabra llena de luz nuestra mente y podemos ver las cosas que antes no veíamos, su voz nos es revelada como nunca antes.

                  Para reflexionar: ¿Qué clase de mente considera usted que tiene? ¿Le está siendo revelada la
voluntad de Dios para este tiempo?

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