Por Natanael Ceballos

“Y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres”. Juan 8:32 (NTV)

Una de las características de la verdad, es que nos libera. Pero ¿Nos libera de qué? del engaño, del pecado. Nos saca de la posición de esclavos y nos pone en el lugar de hijos. Mientras permanecemos en el engaño, permaneceremos en el pecado. Como todos sabemos, la consecuencia del pecado es muerte. Entonces la verdad no solo nos libera de la esclavitud al pecado, sino también de la muerte.

“Les digo la verdad, ¡todo el que obedezca mi enseñanza jamás morirá!” Juan 8:51 (NTV).

Esto tiene mucho sentido si analizamos el origen de la palabra verdad. La Biblia usa la palabra “Alétheia” del griego, compuesto por el prefijo “a” de no o contra, y “letheia” de letal. Es decir no letal o contra la muerte. Algo es verdad, solo si te aleja de la muerte.

Y entendemos muerte, no como aniquilamiento, sino como separación. La verdad nos mantiene unidos a la vida, mientras que el engaño nos acerca a la muerte, separándonos de la vida. ¿Cómo puedo medir el nivel de verdad que tengo? Conforme al nivel de vida abundante que puedo experimentar.

La etimología de la palabra Alétheia también hace referencia a «des-ocultamiento», ver con claridad donde antes estaba oscuro. La verdad esta muy relacionada a la luz. Sin luz no hay revelación de la verdad.

“Jesús habló una vez más al pueblo y dijo: «Yo soy la luz del mundo. Si ustedes me siguen, no tendrán que andar en la oscuridad porque tendrán la luz que lleva a la vida»”. Juan 8:12 (NTV)

La verdad es luz que nos permite disfrutar en mayor plenitud de la vida. La oscuridad por el contrario nos impide disfrutar de la vida. Verdad, Luz y vida son la misma persona: Cristo.

Para reflexionar: ¿En qué áreas de su vida hay muerte? ¿En su vida hay separación, división? ¿Qué lo está matando o separando de la vida? En ésas áreas deberá profundizar en la verdad y
desechar el engaño.

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