Por Nancy Perez

“Dios ha sido muy bueno conmigo, y tengo más de lo que necesito” Génesis 33:11 (NVI)

Uno de los atributos más bellos de la paternidad de Dios es la generosidad. Creó todo para que lo disfrutemos y lo cuidemos. La verdad es que Dios es generoso por naturaleza. La creación muestra colores y diseños espectaculares. En toda la Biblia, Dios promete darnos, y bendecirnos con abundancia. Es un padre al que le gusta regalarnos cosas y le gusta que le pidamos.

En su generosidad, Dios anhela que seamos como Él es, porque fuimos creados a su semejanza. Todo es de Dios y todo viene de Dios. La palabra nos enseña que, así como Él nos da y es generoso con nosotros, también debemos serlo con los demás.

El apóstol Pablo nos aconseja en 2 Corintios 9:7-8 que “Cada uno debe decidir en su corazón cuánto dar; y no den de mala gana ni bajo presión, «porque Dios ama a la persona que da con alegría». Y Dios proveerá con generosidad todo lo que necesiten. Entonces siempre tendrán todo lo necesario y habrá bastante de sobra para compartir con otros” (NTV).

No tendríamos nada si no fuera por su generosidad, ni siquiera nuestra vida. Dios tiene promesas para los que son generosos con los demás. Si tenemos a Dios en nuestro corazón, sentiremos una necesidad urgente de ser generosos, porque la generosidad es parte del ADN divino de Dios
en nosotros.

La escritora y misionera Amy Carmichael dijo: “Siempre se puede dar sin amor, pero nunca se puede amar sin dar”.

                               Para reflexionar: ¿Cree que Dios es generoso? ¿Bendice a otros con los recursos que Dios le dio? ¿Qué puede hacer para aumentar en generosidad? Le invito a que tome un tiempo para pensar en algún hermano de la congregación que necesita ayuda y aproveche la oportunidad para manifestar la generosidad del Padre.

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