Por Belen Giordana

  “Sean siempre humildes y amables. Sean pacientes unos con otros y tolérense las faltas por amor. Hagan todo lo posible por mantenerse unidos en el Espíritu y enlazados mediante la paz”. Efesios 4:2-3 (NTV)

Como hijos de Dios, debemos mantener la unidad del cuerpo de Cristo. La mansedumbre es un fruto muy importante y muy necesario, ya que es una herramienta que el Espíritu nos brinda para hacerle frente a la división dentro de la iglesia de Cristo, pero también tiene el poder de atraer al que no cree.

Para manifestar mansedumbre, primero necesitamos ser llenos del amor de Cristo. Para obtener ese amor debemos morir a nuestro egoísmo y orgullo. Una persona egoísta prioriza sus necesidades y comodidad antes que la de los demás, y una persona orgullosa no tiene la capacidad de aceptar sus errores y ceder para evitar una discusión.

Una vida en el Espíritu nos lleva a madurar en el carácter de Cristo. Esto genera un crecimiento en la persona, donde se va haciendo visible el fruto del Espíritu. Entonces, si hablamos de hijos maduros, podrán reconocer en qué situaciones dejar pasar la ofensa y soportar agresiones o malos entendidos, ya que saben cuál es la opinión que importa (solo la del Padre) y no reaccionan ante cualquier circunstancia adversa, sino que actúan de una forma madura.

Si usted se identifica como una persona con poca mansedumbre y no sabe cómo apaciguar su enojo e ira, le invito a leer lo que dice Proverbios 15:1 “La respuesta apacible desvía el enojo, pero las palabras ásperas encienden los ánimos” (NTV).

Empiece a actuar de manera madura, así como describe Pablo. Sea amable y paciente con los demás, porque cada uno necesita su tiempo para entender y cambiar. Sea tolerante, porque eso le agrada al Padre. Recuerde que las pequeñas acciones pueden hacer grandes cambios.

Para reflexionar: ¿Puede tomar actitudes maduras en medio de su enojo? Reflexione ¿cómo puede ayudar a gestar el fruto de la mansedumbre?

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