Por Viviana Monteros

¨Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno”. Salmos 139:23-24 (RVR)

Le invito a que preste atención a este versículo, y se pregunte: ¿Qué tipo de vida está viviendo? De esto se trata auto confrontarnos, es cuando el Espíritu alumbra nuestros errores y nos lleva a reconocer que debemos cambiar. Muchas veces, no nos animamos a reconocer lo que hacemos mal, porque eso nos lleva a hacer cambios y eso nos incomoda.

Auto confrontación es la habilidad que tenemos de detectar los defectos que detienen nuestro avance.

¿Cuál es el mejor método para auto confrontarnos? preguntando a Dios, porqué Él es un excelente confrontador, va directo al espíritu. Cuándo eso pasa, es tan fuerte nuestra convicción que en el acto se producen cambios; sin embargo muchas veces nos resistimos a escuchar la voz de Dios. Hay una lucha entre lo que queremos y lo que debemos hacer, escuchar y no actuar también es pecado. Otra forma de confrontarnos es cuando vemos que otro hace lo que yo tengo que hacer y no lo hago, eso me enoja porque quedo expuesto. Por ejemplo, si dos personas se juntan para comer algo, una le dice a la otra: ¿Quieres hamburguesas con papas fritas? y la otra le dice “no, gracias, me estoy cuidando”. Eso causa en nosotros una contracción dentro de nosotros, porque sabemos que tendríamos que actuar de la misma forma y no lo hacemos.

Los cambios producen madurez, crecimiento, mayor revelación y ser agradables a los ojos de Dios. Madurar es hacernos cargo de nuestros errores y planificar la mejoría. Corregir nuestros errores delante de Dios.

Para reflexionar: ¿Cómo puedo hacer para empezar a trabajar en mí? Pedirle al Espíritu Santo que nos muestre qué debemos hacer, anotar todo lo que identificamos, confesar a un discipulador todo lo que detectamos y luego buscar la forma de llevar a la practica el cambio.

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