Por Yolanda Castro

«Oh Señor, has examinado mi corazón y sabes todo acerca de mí. Sabes cuándo me siento y cuándo me levanto; conoces mis pensamientos aun cuando me encuentro lejos. Me ves cuando viajo y cuando descanso en casa. Sabes todo lo que hago. Sabes lo que voy a decir incluso antes de que lo diga, Señor. Vas delante y detrás de mí. Pones tu mano de bendición sobre mi cabeza. Semejante conocimiento es demasiado maravilloso para mí, ¡es tan elevado que no puedo entenderlo! ¡Jamás podría escaparme de tu Espíritu! ¡Jamás podría huir de tu presencia!». Salmos 139:1-7 (NTV)

¡Cuánto amor verdad hay en esta Palabra! En ella podemos ver que somos el objeto de Su amor y atención. Nuestro Dios es un Padre atento. La atención es una acción voluntaria que implica tener todos los sentidos en aquello que queremos. Por medio de este acto, Dios demuestra interés al bienestar o seguridad de una persona. Ser atento implica llevar a cabo acciones como: cuidado, esmero, vigilancia, observación, inclinación, escucha, aplicación, meditación y análisis.

En este salmo, el conocimiento de Dios sobre mí es completo, desde lo más profundo de mi corazón y mi mente a las actividades que hago, y aún en los lugares que habito. Esto nos hace reconocer su completo interés y atención sobre nuestra vida. Confirma la definición, por completo, de la palabra atención. En un tiempo de oración, tuve una visión en la que vi cómo un papá rodeaba con sus brazos a un niño que estaba aprendiendo a caminar, sin tocarlo mientras este daba sus primeros pasos. Dios me mostró realmente su atención y cuidado por medio de un padre atento y listo para socorrer al niño si llegaba a tambalear o si se caía. Ese padre guiaba los pasos del niño hacia lugares seguros, para que no tropiece. Allí es donde veo que la Palabra se reeja al decir: «Vas delante y detrás de mí. Pones tu mano de bendición sobre mi cabeza». Salmos 139:5 (NTV)

Para mí esta visión fue reveladora: que el padre dejara caer a su hijo, o lo privara de su cuidado en esta experiencia de aprendizaje y aún de riesgo. Nuestro Padre es así, su fidelidad y amor hace desplegar todas sus capacidades divinas sólo para cada uno de nosotros.

                              Para reflexionar: ¿Puede usted reconocer las atenciones de Dios sobre su vida? ¿Ha creído que Dios no tiene interés en usted? Luego de responder estas preguntas le invito a que le abra su corazón a Dios y comparta con Él todo lo que hay en usted, a fin de que el Espíritu le hable y confirme en usted Su paternidad y la capacidad de atención de Dios sobre su vida.

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