Por Priscila Mattos

“Dios habló: ‘Hagamos los seres humanos a nuestra imagen, que reflejen nuestra naturaleza para que puedan ser responsables de los peces en el mar, los pájaros en el aire, el ganado, y, sí, la Tierra misma, y cada animal que se mueve en la faz de la Tierra’. Dios creó a los seres humanos; los creó divinos, reflejos de la naturaleza de Dios. Gen. 1:26 (MSG)

La identidad es una de las necesidades más importantes e indispensables en la vida del ser humano, que necesita ser asistida y formada, para contribuir al crecimiento integral y pleno de toda persona. La identidad surge y florece de Dios, la biblia expresa que Él determinó desde el principio de todos los tiempos, hacer al hombre a su semejanza, tal y como es Él en esencia, así determinó que también sea el ser humano. Esto quiere decir que Dios selló y grabó Su imagen en nosotros, otorgando así una identidad verdadera y perfecta, con un conjunto de rasgos magníficos e inimitables.

Ahora bien, todo individuo transita la vida, buscando y demandando saber quién es. Si observamos detenidamente, podemos notar que la humanidad no fue desarrollada en la identidad de manera completa e integral a causa de ausencias y carencias halladas en los ámbitos que construyen la identidad en los seres humanos (principalmente en las familias, pares, educación, etc). En consecuencia, la persona vive en desconcierto y en confusión de tal manera que se ve perjudicado en el área espiritual, relacional, emocional y mental. Las tinieblas siempre han procurado atentar contra el diseño original de Dios, llevando a las personas mediante el engaño a fuentes falsas, en busca de que sus necesidades sean satisfechas, ya que conocen y entienden el poder y el dominio que hay en el hombre que porta la identidad de Cristo.

La verdadera identidad nace en la unión con Cristo, a través de la cruz, Jesús quebranta la falsa identidad, y somos llamados a regresar a nuestro diseño original, a reconciliarnos con las verdades que Dios declaró y afirmó sobre nuestras vidas. El Espíritu Santo nos dice quiénes somos en Cristo y nos convoca a identificarnos con Él. Para luego retomar juntamente con Él, la posición de Hijos.

Para reflexionar: Le invitamos a buscar citas bíblicas que expresen cuál es su condición de hijo/a.

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