Por Belén Giordana

“Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia”. Juan 1:16 (RVR1960)

¿Alguna vez se detuvo a pensar en el significado de la expresión “gracia sobre gracia”? ¿Puede dimensionar la magnitud que aborda esa frase?

La gracia es un favor inmerecido, como un regalo que se nos dio, aunque no merecíamos recibirlo. La gracia de Dios actúa en nosotros dándonos libertad espiritual, capacidad para servir al Señor y nos otorga poder. También nos capacita con toda clase de bendiciones y dones. Cada vez que recibimos de Su gracia somos inyectados de amor, fe, paz, luz, vida, gozo, paciencia y demás virtudes. Es por esto que tomamos de la plenitud de Cristo, porque en él tenemos todo, estamos completos.

Todo esto se logra a medida que vamos teniendo mayor luz y revelación de la verdad, de modo que la gracia y la verdad trabajan juntas. La gracia opera en la vida de los creyentes juntamente con la verdad que se nos ha sido revelada.

Dios da su gracia sin límites, sin embargo, la plenitud en la gracia no viene de repente, sino que la vamos recibiendo según nuestra comprensión de la verdad, es decir, que va en aumento según vamos teniendo mayor revelación de Dios y profundizando en nuestra relación con Él.

Cada vez que recibimos gracia, somos suplidos en diferentes necesidades y en mayor medida que antes, por eso se va renovando, ya que nuestro entendimiento va aumentando y Cristo en nosotros va creciendo.

Para reflexionar: ¿Cree que esta completo en Cristo o siente que le falta algo? ¿Necesita ser renovado con la gracia de Dios?

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