Por Marcelo Ceballos

“El Señor es mi pastor; tengo todo lo que necesito”. Salmos 23:1 (NTV)

En esta declaración, el salmista afirma cuál es su fuente de provisión: si Jesús es mi pastor nada me faltara. Nuestra fe y confianza está en Dios, el dueño de todos los recursos, espirituales y materiales. Además es el único que puede resolver nuestras necesidades.

Cuando esta verdad nos es revelada, el temor al futuro desaparece, entendiendo que si vivimos en obediencia a Dios, Él abre las ventanas de los cielos y activa las bendiciones que tenemos en Cristo hasta que sobreabunde.

Jesús afirmaba que no debíamos afanarnos por el mañana, que busquemos primeramente su reino y justicia, y que a causa de esto, Él proveerá todo lo que necesitamos. De esta manera, nuestra fe no está en el gobierno de turno, ni en nuestro trabajo o fuerzas humanas, sino en la provisión de Dios. “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús”. Filipenses 4:19 (RVR1960)

Colosenses 2:10 nos da a entender que en Cristo estamos más que completos, porque todo se encuentra en Él. Ese es el misterio que el Padre depositó en el Hijo.

                      Para reflexionar: ¿Cuánto confía en Él? ¿Le tiene temor a la pobreza? ¿Cuál es su fuente de provisión?

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