Por Ruth Giordana

“Hoy te he dado a elegir entre la vida y la muerte, entre bendiciones y maldiciones. Ahora pongo al cielo y a la tierra como testigos de la decisión que tomes. ¡Ay, si eligieras la vida, para que tú y tus descendientes puedan vivir!”. Deuteronomio 30:19 (NTV)

Una decisión puede cambiar el rumbo de nuestra vida para siempre. Una decisión mal tomada puede desviar los propósitos y los planes de Dios. Cada decisión que tomemos tiene un precio. Puede ser bueno o malo según la decisión que hayamos tomado.

Imagínese, si David en vez de haber tomado la decisión de enfrentar a Goliat, hubiera dicho: “no, es muy grande, no puedo”. Si ese hubiera sido el caso, su decisión iba a ser incorrecta. Pero David supo tomar una buena decisión, enfrentar a Goliat, y con ello vino la bendición.

Las decisiones bendicen generaciones; elegir bien tiene poder de afectar a multitudes. Porque Dios usa personas ordinarias, para hacer cosas extraordinarias.

Unas de las decisiones que más nos cuesta, es vivir en el perdón. Perdonar es un acto de fe. Muchas veces no queremos hacerlo, pero nos tenemos que determinar a vivir en perdón. Decidir vivir una vida en integridad, tener un cambio de mentalidad, requiere de una decisión. Sólo cuando decidimos cambiar nuestra manera de pensar, es cuando nuestra mente cambia.

Para reflexionar: ¿Hay algo que le está quitando la paz? ¿En que se está enfocando, en lo que no puede resolver o en lo bueno? Descanse en Dios, ponga su seguridad en él y vera que no será defraudado, sino lleno de Paz.

© 2015 "El Renuevo" | Iglesia Cristiana Evangélica.
Arriba
Seguinos en: