Por Gustavo Lopez

“El amor es paciente y bondadoso. El amor no es celoso, ni fanfarrón (arrogante), ni orgulloso”. 1 Corintios 13:4 (NTV)

El amor no es jactancioso. En muchas situaciones se realizan acciones o se tienen actitudes que aparentan ser genuinas, verdaderas y dignas de reconocer; pero solo son una apariencia. En este capítulo se describe el amor de Dios como es y como no es, que no lo define, ni lo representa. Una de las características de Su amor la humildad: no se alaba así mismo, ni se cree superior, tampoco es vanidoso, presumido o egocéntrico.

La persona jactanciosa realiza acciones o tiene actitudes maravillosas; al igual que cualquier persona desinteresada, humilde, solidaria, etc. La diferencia se encuentra en la motivación, en aquello que los lleva a realizar cada acto de aparente amor al prójimo, y aún a Dios mismo. Es el deseo orgulloso de destacarse, ser alabado, elogiado, reconocido y estimado.

Dios es amor, y lo revela con grandes actos de amor, de despojo, de interés real, de bienestar hacia la humanidad. Es el precursor del amor en su máxima expresión, ejemplo del amor más grande y humilde. Aunque nosotros no lo mereciéramos, Él decidió amarnos primero al enviar a su Hijo a pagar por nuestros pecados en una cruz.

Necesitamos ser perfeccionados en Su amor. Si Él habita en nosotros, podremos manifestar la máxima expresión del amor a Dios y a la humanidad. Eso mismo afirma 1 Juan 4:12 «Nadie jamás ha visto a Dios; pero si nos amamos unos a otros, Dios vive en nosotros y su amor llega a la máxima expresión en nosotros» (NTV).

Para reexionar:¿Puede reconocer las motivaciones que lo llevan a desempeñar su servicio o sus actitudes hacia otros? ¿Le molesta no ser reconocido por sus logros o acciones? ¿Siente la
necesidad de ser exaltado?

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