Por Silvia Giordana

“El amor es paciente y bondadoso. El amor no es celoso ni fanfarrón ni orgulloso”. 1 Corintios 13:4 (NTV)

Pablo le habla a los corintios que el amor tiene la virtud de ser paciente. A medida que vamos creciendo y experimentando el amor del Padre, que es el verdadero amor, vamos desarrollando más paciencia.

La paciencia no es la capacidad de esperar, sino la habilidad de mantener una buena actitud. Ésta no se puede desarrollar en ámbitos de paz, quietud y tranquilidad; sino frente a las dificultades, problemas y frustraciones. En esas situaciones podemos desarrollar la paciencia del carácter.

El amor nos inspira a transformarnos en personas pacientes. Cuando decidimos ser pacientes, respondemos en forma positiva frente a una situación negativa, somos lentos para enojarnos y decidimos guardar la compostura en lugar de defendernos con facilidad. En vez de ser impacientes y exigentes, el amor nos ayuda a calmarnos y comenzar a demostrar misericordia a los que nos rodean.

La paciencia nos hace sabios. No se apresura a sacar conclusiones, sino que escucha qué dice la otra persona. La paciencia permanece a la puerta, allí donde el enojo hace todo lo posible por entrar, y espera a tener una visión completa de la situación antes de juzgar. La paciencia es el punto en que el amor se une a la sabiduría. Y toda familia necesita de esta combinación para permanecer saludable.

Aunque el amor se comunica de distintas maneras, nuestras palabras reflejan la condición de nuestro corazón.

Para reflexionar: Durante el día de hoy, lo animo a demostrar paciencia y no decir nada negativo a las personas que lo rodean, si surge la necesidad, elija no decir nada, es mejor contenerse que
expresar algo que luego lamentaremos. ¿Puede resistir la tentación de no decir nada negativo o decir solo lo positivo?

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