Por Ana Carolina Suarez

«Pues su amor inagotable a los que le temen es inmenso como la altura de los cielos sobre la tierra. Llevo nuestros pecados tan lejos de nosotros como está el oriente del occidente. El Señor es como un Padre con sus hijos, tierno y compasivo con los que le temen. Pues él sabe lo débil que somos, se acuerda de que somos tan solo polvo». Salmos 103:11 (NTV)

La paternidad divina es un privilegio que obtenemos como creyentes a través de la fe en Jesucristo. Y a través de esta paternidad, podemos disfrutar del inagotable y apasionado amor del Padre. Y de esta manera pasamos a formar parte de la familia de Dios y esto simplemente sucede, dice la Biblia, porque Él nos ama de una manera especial.

En Efesios 1:4 dice que Él nos amó y nos eligió antes de la creación del mundo, mire cuánto nos ama el Padre que solo creó este mundo para nosotros, somos el foco de su amor y de su creación. No hay ninguna otra cosa creada al cual nuestro Padre celestial pueda amar más. Cuando entendemos esta gran verdad, ya no hay inseguridades en nosotros.

En Filipenses 4:19 dice que el suplirá todas nuestras necesidades por medio de su Hijo, entonces comprendemos que el amor del Padre va mucho más allá que un simple afecto, por eso puso a Cristo dentro nuestro, para que seamos uno con el Padre, y así poder sentir su amor, así podemos tener gozo. Nos dio la identidad de hijos, podemos disfrutar de su plenitud, y podemos ser guiados.

En el Salmos 32:8, el salmista dice que Sus ojos están puestos sobre nosotros para guiarnos y aconsejarnos, como lo hace un padre bueno con su hijo. Su amor nos cuida y no nos condena, no importa lo que hayamos hecho, nada nos podrá separar del amor del Padre (Romano 8:38).

                              Para reflexionar: En este día le animo a que reflexione sobre este atributo del amor de Dios como Padre en su vida. ¿Está usted plantado en esta gran verdad?, ¿Cuál es su identidad en Cristo? Anímese a sentir de su amor que es tierno y bondadoso.

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