Por Ruben Farias

“No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre”. Juan 5:30 (RVR1960)

Hoy en día, la sociedad en la que vivimos nos lleva a ser personas totalmente egoístas e independientes, no solo de Dios, sino de todas las otras personas. Desde muy jóvenes somos tentados a hacer lo que queramos sin tener que depender de nadie.

Esta independencia es contraria a lo que Dios quiere para nuestras vidas, Él sabe y quiere lo mejor para usted y depende exclusivamente de nosotros, el llegar a tener una dependencia total de Dios. No es fácil, pero es un proceso en donde vamos muriendo a nuestra independencia, confiando y creyendo más en Él y sus promesas. En este proceso debemos aprender a consultar a Dios cada una de nuestras decisiones trascendentales y las que, a priori, no lo son. Esta dependencia de hijo solo se logra teniendo una comunión diaria y estrecha con Dios.

Como vemos en el pasaje, Jesús tenía una relación diaria y muy fuerte con su Padre, a tal punto de decir que Él no podía hacer nada por sí mismo, sino que hacia la voluntad de su Padre. Jesús, día a día moría a su voluntad para hacer solo que su Padre celestial le pedía. Si dependemos de Dios, Él nunca nos defraudara y su mano estará siempre a favor nuestro. El verdadero hijo depende totalmente de su Padre.

Para reflexionar:¿En quién estamos poniendo nuestra confianza? ¿Somos hijos dependientes
o independientes?

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