Por Gustavo Giordana

“Cuando Adán pecó, el pecado entró en el mundo. El pecado de Adán introdujo la muerte, de modo que la muerte se extendió a todos, porque todos pecaron. Pues el pecado de un solo hombre, Adán, hizo que la muerte reinara sobre muchos; pero aún más grande es la gracia maravillosa de Dios y el regalo de su justicia, porque todos los que lo reciben vivirán en victoria sobre el pecado y la muerte por medio de un solo hombre, Jesucristo. Entonces, así como el pecado reinó sobre todos y los llevó a la muerte, ahora reina en cambio la gracia maravillosa de Dios, la cual nos pone en la relación correcta con él y nos da como resultado la vida eterna por medio de Jesucristo nuestro Señor”. Romanos 5:17-21 (NTV)

Cristo ha pagado el precio por cada uno de nosotros, Pablo en estos versos describe con excelencia lo que Cristo logro con su entrega de amor.

Adán representa el antiguo pacto y Cristo el nuevo. En el antiguo pacto, la vida era juzgada según la ley, pero la ley no pudo lograr lo que Cristo vino a restaurar, sino que proponía una vida idealizada fuera del pecado, donde nadie podía alcanzar la santidad ya que todo era por medio de fuerzas humanas. Era un tiempo de esclavitud en el pecado.

Cuando Cristo vino a restaurar y rescatarnos de la muerte espiritual, ganando la victoria sobre el pecado, es cuando se consuma el nuevo pacto, donde se nos da una nueva vida por medio de Cristo, que es el que ganó toda batalla y reconcilio consigo todas las cosas. En Cristo no hay condenación, porque cuando uno decide morir a su vida (hablando de su voluntad y egoísmo) para vivir conforme a la voluntad del Padre, entonces es cuando Dios ya no nos ve a nosotros sino a Cristo como símbolo de perfección, santidad, amor, misericordia y gracia.

“Pues ustedes fueron sepultados con Cristo cuando se bautizaron. Y con él también fueron resucitados para vivir una vida nueva, debido a que confiaron en el gran poder de Dios, quien levantó a Cristo de los muertos. Ustedes estaban muertos a causa de sus pecados y porque aún no les habían quitado la naturaleza pecaminosa. Entonces Dios les dio vida con Cristo al perdonar todos nuestros pecados. Él anuló el acta con los cargos que había contra nosotros y la eliminó clavándola en la cruz. De esa manera, desarmó a los gobernantes y a las autoridades espirituales. Los avergonzó públicamente con su victoria sobre ellos en la cruz”. Colosenses 2:12-15 (NTV)

¡Nuestra vieja forma de vivir ha muerto, y ahora fuimos resucitados en Cristo! La muerte ya no nos pertenece, Cristo vive en nosotros y ahora somos fuente de vida. Ni la muerte ni el pecado pueden retenerlo, usted fue hecho libre, justificado y purificado por medio de Cristo, ya no tiene que temer a la muerte, sino creer en la verdad de la conquista. Sólo debe tener fe en Cristo.

Para reflexionar: ¿Usted ha decidido renunciar a su vida para que Cristo reine? ¿Cree que fue hecho santo y libre por Cristo?

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