Por Matias Ceballos

«Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida». Juan 8:12 (RVR1960)

Cristo representa todo aquello que permanece en la luz, Él es el sol de justicia que ilumina todo lo injusto. Él es la estrella de la mañana que alumbra el nuevo día de aquellos que lo aman.

Todo aquel que decide establecerse en Cristo es apartado de las tinieblas, y la oscuridad ya no tiene poder en él. Habitar en Cristo llena nuestra vida de Su luz y, como consecuencia, todo se alumbra: Todo se ordena. Si no hay luz no podemos ver el desorden. Sin el alumbramiento de Cristo, es imposible saber qué cosas debemos ordenar en nuestra vida.

Produce buen fruto. La verdad se hace evidente en la claridad de su luz. Todo lo que estaba dormido cobra vida y produce fruto. Al igual que un árbol necesita luz para vivir y ser fructífero, nuestra vida necesita a Cristo para dar frutos eternos.

Expone lo malo. Lo que se hace en secreto, a oscuras, al ser iluminado queda al descubierto y se puede deshacer. No hay mejor forma de transformar una vida, una nación o lo que sea que exponiéndola a la luz. No hay rincón de nuestro corazón o de la sociedad que, al ser iluminados, no se pueda transformar.

“Por eso se dice: “Despierta, tú que duermes, levántate de entre los muertos y la luz de Cristo brillará sobre ti.” Efesios 5:14 (RVR1960)

¡Despertemos! ¡Pidamos ser iluminados! ¡Dejemos que Él nos transforme con su luz y podamos ser luz en medio de las tinieblas!

Para reexionar: ¿Está viviendo de acuerdo a la luz de Cristo? ¿Permite que su oscuridad sea expuesta a la luz?

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