“Confía en el Señor con todo tu corazón; no dependas de tu propio entendimiento. Busca su voluntad en todo lo que hagas, y él te mostrará cuál camino tomar”. Proverbios 3:5-6 (NTV)

La confianza se define en el diccionario como “esperanza firme que una persona tiene en que algo suceda sea o funcione de una manera determinada, o en que otra persona actúe como ella desea” (RAE).

Fuimos creados para confiar, Dios nos diseñó con la capacidad y el deseo de poder manifestar confianza.

Todos manifestamos confianza hacia algo, todos tenemos la esperanza puesta en algo: ya sea en un trabajo, estudio, familia, relaciones, etc. Cuando nuestra confianza no está en Dios, siempre vamos a buscar en donde depositarla, ya que es parte de nosotros. Pero al no buscar en la verdadera fuente, nos produce un desgaste físico, emocional y espiritual donde manifestamos
estrés, inseguridad y temor, entre otras cosas.

Cuando nos damos cuenta de que nos cuesta confiar o no confiamos en Dios, es porque no lo conocemos realmente.

Nuestra mirada está puesta en un lugar equivocado. Si la confianza fue gestada en nosotros desde un primer momento, solo debemos ocuparnos de conocer a Aquél que la depósito en nuestro interior. Eso nos va a llevar a vivir una vida plena, manifestando confianza en todas las áreas de nuestra vida, siendo guiados por Su voz y creyendo en la esperanza que habita en nuestro interior

Para reflexionar: ¿En qué áreas de su vida le cuesta manifestar confianza en Dios? Cuando haya identificado cada cosa, haga una lista y ponga al lado de cada ítem lo que Dios dice sobre ello.

 

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