Por Claudia Lalli

“Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.” 1 Tesalonicenses 5:23 (RVR1960)

El apóstol Pablo es el primero en hacer esta división. Dice que nuestro ser está compuesto por tres partes: espíritu, alma y cuerpo. Dios nos creó tripartitos y para él las tres partes son importantes. Él quiere santificar cada parte de nuestro ser.

El hombre fue creado para comunicarse y relacionarse con el creador. Como Dios es espíritu, se comunica con el hombre a través del Espíritu Santo. Nuestro espíritu recibe la comunicación de parte de Dios y debe transmitir al alma la voluntad de Dios. Finalmente nuestra alma (mente) ordena al cuerpo lo que debe hacer y este obedece. El cuerpo está diseñado para sujetarse al alma. El diseño de Dios es que sea el espíritu el que dirija a los otros dos.

Cuando el cuerpo es el que dirige, nuestra vida se desenfrena. El cuerpo no sabe poner límites, va a los excesos, no tiene equilibrios, no está diseñado para gobernar. (Marcos 14:38) Es como un caballo salvaje con mucha fuerza, que solo cuando ha sido domado es útil. Es por eso que Dios diseñó al alma para que sea ésta quien domine al cuerpo. No puede sujetarse al espíritu porque no lo entiende, es como que hablan idiomas distintos.

La salvación de Cristo no te alinea automáticamente, tú tienes que aprender a alinearte. Nuestro objetivo es lograr escuchar la voz del Espíritu Santo y que esta sea clara. Cuando nuestro ser está desalineado nos resulta difícil escuchar su voz, ya que suena despacio en medio de muchas voces que gritan y nos sentimos confundidos. Cuando trabajamos en nuestro corazón y mente, de a poco su voz se va haciendo más clara. Cuando obedecemos a su guía, su voz se clarifica más aún. Llega un momento en que podemos escucharla todo el tiempo, en cualquier lugar y situación.

Debemos ordenar a nuestra alma que se sujete a nuestro espíritu, y que nuestro espíritu se sujete al Espíritu Santo de Dios. Ese es el orden correcto.

Para reflexionar: ¿Está alineado su espíritu al Espíritu de Dios? ¿Su espíritu está gobernando al alma y al cuerpo? ¿Cuál cree usted que está gobernando hoy su vida?

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