Por Claudia Lalli

“Se vistió de maldición (iniquidad) como de su vestido y entró como agua en sus entrañas como aceite en sus huesos”. Salmos 109:18

Iniquidad es la conducta repetitiva de pecado, patrón de conducta que determina nuestra forma de ser y pasa de una generación a otra.
Según la profeta Ana Méndez “la maldición es producto de un pecado que no se confesó y se engarza en el alma, produciendo enfermedades y toda clase de cautiverios. Esas son las iniquidades que se manifiestan como maldiciones a través de las generaciones. Es el cuerpo de pecado”.

La palabra de Dios dice que ninguna maldición viene sin causa (Proverbios 26:2). Todo lo que nos sucede en nuestra vida como cristianos, es producto de una causa, es un efecto. Muchas veces no sabemos porque suceden algunas cosas, oramos, ofrendamos, confesamos, ayunamos y la situación no cambia. Estas situaciones pueden ser consecuencias de la iniquidad, son maldiciones.

Esa tendencia a mentir constantemente, a la ira y enojo desmedidos, a los pecados sexuales, al robo, la avaricia, la altivez, el orgullo, la idolatría etc. Tal vez son pecados que solo usted sabe y que aún le da vergüenza, que siendo cristiano, tenga esas tendencias o inclinaciones.
Precisamente esa es la iniquidad manifestándose en su vida. Por eso es tan importante reconocerlas, confesarlas y pedirle a Dios que nos libre, ya que sus consecuencias son graves, no solo para usted sino para sus generaciones futuras.

Para reexionar: ¿Hay alguna tendencia que lo lleva a actuar o pensar en maldad? le invito a que hoy decida arrepentirse y confesar sus pecados, para cortar con toda iniquidad.

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