Por Priscila Mattos

“Desde antes de crear el mundo Dios nos eligió, por medio de Cristo, para que fuéramos sólo de él y viviéramos sin pecado. Dios nos amó tanto que decidió enviar a Jesucristo para adoptarnos como hijos suyos, pues así había pensado hacerlo desde un principio. Dios hizo todo eso para que lo alabemos por su grande y maravilloso amor. Gracias a su amor, nos dio la salvación por medio de su amado Hijo”. Efesios 1:4-6 (MSG)

Ser aceptos es una necesidad en todas las personas, que solo el amor de Dios puede cubrir. Cómo dice en Efesios, por su amor es que nos volvemos aceptos. Antes de que el mundo fuese creado y todo lo que hay en él, el padre ya nos había pensado y hecho por medio de Cristo, sólo con el fin de poder relacionarnos y tener comunión plenamente con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Ser aceptos en Dios es saber en el instante mismo, que somos amados por Dios, no porque intentamos agradar y lo consigamos, o porque fallamos en hacerlo y le pidamos perdón, sino porque Él desea ser nuestro Padre y amarnos.

El temor al rechazo, nos lleva a creer que nuestra gran necesidad de amor solamente depende de una persona o de un grupo de personas. Pero el único que tiene la capacidad para completar esa necesidad y generar plenitud a tiempo y forma, es Dios. Él es el único capaz de llevar todo el peso de nuestra necesidad de amor. Cuando entendemos esto, dejamos de vivir buscando que las personas nos den su atención y aprobación, y encontramos nuestro verdadero valor en Cristo y la idea de “no soy amado” desaparece.

Es por esto que debemos cambiar la mentalidad de rechazo, abandonar las mentiras que hay en nuestra mente por la verdad y vivir creyendo que en Cristo somos completamente aceptados y amados incondicionalmente. Nada ni nadie puede detener el amor de Dios por mí. Es Cristo quien nos regresa al origen, donde fuimos iniciados en el amor perfecto.

Ser aceptos es conocer que el amor humano es limitado y escaso, y que el amor de Dios es infinito y abundante. No importa cuán profunda sea tu necesidad, el Padre puede satisfacerla.

Para reflexionar: Ante situaciones en la que no ha actuado de forma adecuada ¿usted tiene la tendencia a percibirse como culpable y rechazado ante Dios?

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