Por Evelyn Toledo

«Hijo mío, no tomes a la ligera la disciplina del Señor y no te des por vencido cuando te corrige. Pues el Señor disciplina a los que ama y castiga a todo el que recibe como hijo» Hebreos 12:5-6 (NTV)

La corrección tiene mucho que ver con la autoridad que nos corrige. Una de las cosas que debemos entender es que Dios es autoridad y no existe autoridad fuera de Él. Dios es la única fuente de autoridad, solo la figura de Jesucristo fue la que recibió la autoridad del Padre. Y nosotros no nos sujetamos a hombres, sino a la autoridad delegada por Dios en esos hombres.

Dios puso a líderes, gobernadores, maestros, profesores, para nuestro bien, para traer corrección a nuestra vida. Por ejemplo, sin nuestros maestros del colegio nunca habríamos aprendido los valores, el hacer silencio en una clase, compartir tiempo con compañeros, etc.

El orden se establece con autoridad. Cuando estás bajo autoridad estás ordenado. Esto es abrazar la corrección. Cuando entendemos que Dios nos ordena a través de la autoridad.

Quizás varias veces no entendamos o nos encontremos confundidos con lo que se nos está corrigiendo. Pero si tenemos esta verdad revelada, vamos a amar esa corrección y vamos a aceptarla (Hebreos 12:5-9).

Aquellas personas que deciden ser corregidas están siendo humildes. Amar la corrección va en contra de nuestro orgullo, porque el orgulloso piensa que no tiene nada para mejorar, piensa que el otro no puede ver errores en uno o que tiene siempre la razón. Entonces cuando decidimos ser corregidos vamos en contra de nuestra naturaleza pecaminosa y así Dios puede hacer un cambio sincero y profundo (Proverbios 5:12, 15:31).

Para llegar a amar la corrección debemos trabajar bien en nuestra identidad como hijos. Porque normalmente tenemos nuestra mente distorsionada acerca de la autoridad. Pensamos que solo aquel que no nos quiere nos marca errores o pecados, pero es todo lo contrario. El que me ama me corrige. Cuando entendemos que todo se hace desde el amor, los velos se quitan para poder ver con claridad qué cosas tenemos que trabajar y sanar. La corrección nos tiene que llevar a un quebrantamiento y al cambio. Porque nos moldea y nos ayuda a ser más como Cristo. Por esto y mucho más debemos amar la corrección que nos lleva a su perfección.

Para reflexionar: ¿Cuál es su pensamiento de las autoridades que Dios le asignó? ¿Se deja corregir por Dios y por sus autoridades terrenales?

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