Por Carolina Gonzalez

“Cuando vio a las multitudes, les tuvo compasión, porque estaban confundidas y desamparadas, como ovejas sin pastor”. Mateo 9:36 (NTV)

Dios es orden y Él estableció personas para guiar a su pueblo. Leemos en la Biblia, a David declarando en el Salmos 23 que Dios es su pastor. Mientras crecemos y atravesamos procesos necesitamos ser guiados, escuchados, alimentados y direccionados. Un pastor sabe qué pastos son buenos para comer, cuando debemos salir y entrar del redil, conoce cuando su oveja está bien o está mal, porque conoce su corazón.

Ser pastoreado permite una relación personal entre el pastor y la oveja, un espacio propicio para abrir el corazón, practicar la obediencia y la rendición de cuentas. Qué fácil sería poder elegir los consejos que necesito recibir, pero no serviría ni produciría crecimiento, ni el ser perfeccionado. No reconocer el pastorado nos hace adoptar formas que muchas veces no tienen que ver con el diseño de Dios para nuestras vidas y nos producen confusión. La falta de frutos en algunas áreas de nuestra vida es consecuencia de no obedecer los consejos. La resistencia, el orgullo y la superficialidad en la relación con nuestro pastor nos indican que no hemos abrazado el pastorado que Dios nos ha dado.

Debemos descansar y confiar que nuestro pastor nos guiara a las mejores aguas de reposo, al mejor alimento y al consejo oportuno. Dios quiere que estemos en nuestro redil y que estemos bajo esa cobertura. Le animo a presentarse con un corazón dócil, manso y humilde. Anhele y valore el alimento que su pastor le quiere dar. “Y les daré pastores conforme a mi propio corazón, que los guiarán con conocimiento y entendimiento”. Jeremías 3:15 (NTV)

Para reflexionar: Le invito en este día a honrar a sus pastores, líder de discipulado o área en la que sirve. Envíe un mensaje alentador, ore por ellos. Hágale un presente de acuerdo a lo que el Espíritu Santo le guíe.

© 2015 "El Renuevo" | Iglesia Cristiana Evangélica.
Arriba
Seguinos en: