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Por el Pr. David Saint

En el pacto que hizo Dios con Israel apenas cruzaron el mar Rojo, les prometió salud y sanidad. En Hebreos dice que el nuevo pacto o testamento es mejor que el antiguo. El Dios de la Biblia es un Dios de misericordia y poder y hace milagros hoy para que el mundo crea en Jesucristo.

5 sanidades milagrosas en el Antiguo Testamento:

  • Sanidad del rey Ezequías.

    Is.38. Cuando Ezequías, un rey justo, recibió la noticia que su vida terminaría, tenía solo 39 años. En vez de resignarse, oró, clamó, recordó a Dios sus buenas acciones, y sus planes para seguir restaurando y bendiciendo a Israel. Dios se compadeció de él, y le agrego 15 años.

  • Sanidad del rey David.

    Sal.30, y 32. En dos ocasiones este rey cuenta como luchó con problemas de salud. En un caso reconoció que estaba ocultando algún pecado (Sal.32) pero se arrepintió, confesó su pecado y Dios lo sanó. Aleluya!

  • Sanidad de Naamán.

    II Reyes 5. Este general pagano oyó de una humilde criada que el Dios de Israel sanaba; viajó hasta Israel, por fin fue a la casa del profeta Eliseo, y éste le dio instrucciones específicas para sanarse: sumergirse 7 veces en el río Jordán. Aunque Naaman no era “cristiano”, Dios lo sanó para mostrar su poder y compasión, ¡y éste terminó sano y convertido!

  • Sanidad de Job.

    Job 42. Dios permitió la pérdida de sus 10 hijos, y todos sus bienes, y después su salud. Pero Job no se quedó de brazos cruzados, no se resigno, clamó, oró, discutió con sus bien intencionados pero equivocados amigos, y perseveró en creer que Dios estaba al mando y que seguía teniendo misericordia,(aunque no tenía en ese tiempo las promesas de pacto que Dios hizo después con Israel) y su fe fue vindicado pues Dios le sanó, y le restauró todo lo que había perdido, otros 10 hijos, y todos sus bienes, pero  al doble!¡ Gloria a Dios!

  • Sanidad de Ana.

    I Sam.1. El sueño de Ana, una mujer casada, era tener hijos. Ella conocía las promesas del pacto con Israel (no habrá mujer ni varón estéril). No se quedó de brazos cruzados ni se resignó a su “suerte” sino que clamó intensamente a Jehová. Dios la oyó y le dio, no un hijo,¡sino varios! La palabra “clamar” esta por lo menos 29 veces en la Biblia: “Clama a mí y yo te responderé y te enseñaré cosas grandes y difíciles que tú no sabes”.

Sea cual sea nuestra necesidad, clamemos a Dios, con confianza de que nos oirá, tendrá misericordia, nos perdonara si fuere necesario, y dará la petición de nuestro corazón.

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