Por David Saint

“Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”. Juan 8:12 (RVR1960)

En la primera lectura mencionada encontramos la historia del pastorcito David, que se atreve a enfrentar al gigante Goliat. El rey Saul, de gran estatura, le dio su armadura para poder, supuestamente, combatir mejor. David se probó esta armadura, trató de caminar y moverse, y se dio cuenta que no le servía; y tomó nuevamente su humilde honda (que no era un juguete, sino un arma muy efectiva) y con ella derrotó a Goliat, ¡clavando una piedra en su frente! Las armas prestadas no le sirvieron a David, y tampoco a nosotros hoy. Es importante darnos cuenta que Dios tiene un plan para cada uno, y que debemos usar los talentos, habilidades, dones que el Señor nos dio a nosotros, y no a otros para llevarlo a cabo con éxito.

En la segunda lectura, San Pablo nos enseña que la iglesia es un “cuerpo” donde todos los miembros, sean ojos, brazos, pies, oídos, manos, etc. son valiosos y útiles. Cada persona necesita descubrir cuál es el don que Dios le dio, aprender a usarlo con excelencia, y no tratar de copiar a otros. Tampoco debemos despreciar el aporte de otros, aunque parezca pequeño o sin importancia, ni jactarnos pensando que nuestro don es más impactante o relevante que otro. Cuando cada uno ejercita su don, el cuerpo funciona en armonía y con efectividad.

En la tercera lectura, Romanos 12 menciona varios talentos y nos dice básicamente lo mismo que en 1 de Corintios 12 y agrega “el amor sea sin fingimiento”. Demostramos nuestro amor a Dios usando con alegría y gratitud el don que Él nos dio, y también el amor a nuestros hermanos al estimar y valorar los talentos que ellos tienen. No hay competencia, sino que todos somos un gran equipo. Fingir tener cualidades o dones que no tengo significa que no estoy conforme con los que sí tengo, o que envidio los dones que otros tienen. David fue efectivo porque insistió en usar los talentos que en realidad Dios le había dado, aunque parecían despreciables a la vista de otros.

En la cuarta lectura, Pablo habla de la diversidad de ministerios que Jesús da a la familia de Dios. En el libro de Hechos Felipe fue evangelista, Agabo fue profeta, y Pablo fue apóstol. ¡Qué paz y contentamiento se experimenta cuando uno abraza la personalidad y los dones que Dios le dio, y los usa para el progreso del Evangelio! Lo mismo ocurre en el mundo secular: algunos tienen vocación como vendedores; otros como maestros, otros como mecánicos, constructores, médicos, choferes, etc. y su personalidad concuerda con la tarea que deben realizar.

Para reflexionar:  ¿Está viviendo de acuerdo a la luz de Cristo? ¿Permite que su oscuridad sea
expuesta a la luz?

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