Por Norma Peralta

“Hay un segundo mandamiento que es igualmente importante: Ama a tu prójimo como a ti mismo”. Mateo 22:39 (NTV)

Hoy quería hablarle sobre el amor al prójimo. Es fácil amar a personas que son como nosotros, eso no necesita de mucho esmero o esfuerzo. Reflexionando en un amor tan grande como el de Dios Padre, en su esencia, en sus motivos para amarnos; es que nos damos cuenta de que su amor no es excluyente.

Es realmente importante que nos demos cuenta de que el amor de Dios es extravagante, esto quiere decir que es excesivamente original, no es común, es irresistible, resulta imposible rechazarlo. No podemos evitar su amor, ya que es incondicional y absoluto, no admite condiciones ni limitaciones. Cuando pensamos que ese es el amor más grande que alguien haya sentido por nosotros, nos sentimos agradecidos e incluidos y no podemos menos, que extender esa forma de amar a otros.

A veces, no resulta fácil aceptar a quienes no piensan como nosotros, pero entendemos que el amor de Dios no descarta, sino que es un amor incondicional y debemos de anhelar de ese amor en nosotros. También debemos comprender que no estamos aquí para juzgar, sino para amar. Nuestra función es la de amar a todo el mundo como él nos amó.

Es primordial tener el entendimiento de que Amar es una decisión, una elección y representa un compromiso ¿Puede comprometerse con el amor?

¿Alguna vez se preguntó porque Dios lo puso aquí en la tierra, en el ámbito que se mueve? Por dos motivos principales: para aprender a amar a Dios y otra a los demás. Este es un buen momento para que pueda enfocar su vida y alinearlo al sueño de Dios. Debemos entender que nuestro objetivo es mostrar el amor del Padre hacia nuestro prójimo. Sin importar que no piense como nosotros, el amor que brindemos debe ser genuino e incondicional, como es el amor del Padre.

Para reflexionar: ¿Está siendo una extensión del amor de Dios hacia un mundo que necesita vida?

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