Por Tita Villarroel

“No se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad”. 1 de Corintios 13:6 (RVR1960)

Cuando el amor es verdadero, no se alegra de las injusticias o de estados desdichados en que se encuentran las personas. Tampoco difunde rumores maliciosos, sino que se alegra en la honestidad y la justicia, propaga activamente el bien. El verdadero amor busca la autenticidad, el Señor nos regala un amor incondicional solo por su gracia. Cuando compartimos amor, éste debe ser transparente, sin engaños ni hipocresías.

“El amor sea sin fingimiento aborreced lo malo, seguid lo bueno”. Romanos 12:9 (RVR1960) El amor debe ser el principio maestro de las relaciones. Al sincero amor no le gustan las mentiras, la hipocresía o la falsedad, sino que se deleita en la verdad. Es por eso, que las relaciones más valiosas son aquellas que nos corrigen en verdad y que nos llevan a vivir de acuerdo a la verdad que Cristo quiere para nosotros.

“Más bien, al hablar la verdad en amor, creceremos en todos los aspectos en Aquél que es la cabeza, es decir, Cristo”. Efesios 4:15 (NBH)

El amor verdadero se expresa por medio de Cristo, entonces podemos decir que para amar en verdad, necesitamos la vida de Jesucristo en nosotros. Así mismo, las relaciones que edifican son aquellas que nos alientan a buscar las verdades de Dios en la palabra. Amistades que promueven ambientes donde las verdades de Cristo sean impartidas, discutidas y estudiadas, son amistades que valen la pena; y además nos ayudan a combatir la religiosidad.

Para reflexionar: ¿Cómo puede demostrar un amor genuino a otros? ¿Sus amistades lo llevan a una vida verdadera?

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