Por Mercedez Figueroa

“…el amor no es egoísta…”. 1 Corintios 13:5 (RVC)

Amarnos a nosotros mismos es correcto y Dios está de acuerdo con esto. Cuidar nuestro cuerpo, alimentarnos bien, hacer ejercicio, cuidar nuestra vida espiritual, etc. Todas estas cosas son muy importantes hacerlas. Pero hay un límite entre amarse a uno mismo y pasar la línea
hacia el egoísmo.

Una persona egoísta es aquella a la que le cuesta dejar de pensar en sí misma constantemente y poder pensar en el bien de los demás. No debemos agradarnos solamente a nosotros mismos. Deberíamos ayudar a otros a hacer lo que es correcto y edificarlos en el Señor. Tal como dice
Romanos 15:1, nuestro mayor ejemplo siempre va a ser Cristo, quien lo dio absolutamente todo hasta la muerte, por amor a nosotros. Él mismo vino a la tierra para servirnos.

“Pues el mundo solo ofrece un intenso deseo por el placer físico, un deseo insaciable por todo lo que vemos, y el orgullo de nuestros logros y posesiones. Nada de eso proviene del Padre, sino que viene del mundo”. 1 Juan 2:16 (NTV)

Debemos morir a nuestra manera egoísta de vivir. Dejar de pensar en satisfacer constantemente los deseos del alma, porque eso no proviene del Padre, sino que proviene del mundo. El mayor propósito de una vida en Cristo es parecernos cada día más a Él. Si Cristo vino a servir, nosotros
debemos vivir para servir a otros también.

Para reexionar:¿Cuánto tiempo en el día pasa pensando en usted mismo (mis problemas, mis
carencias, mis logros, mis objetivos)? ¿Cuánto tiempo en el día pasa pensando y/o haciendo
algo para alguien más?

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